1222. Anne Holt


Cuando aparece el primer cadáver, quizás a su pesar, esa vieja excéntrica de silla de ruedas que fue policía tendrá que llevar las riendas de la investigación

La peor tormenta de nieve en Noruega

Llega a nuestras librerías 1222, la nueva entrega de un personaje muy particular, Hanne Wilhelmsen, que fuera subinspectora de homicidios en la jefatura de policía de Oslo, aunque ahora está jubilada, minusválida de cintura para abajo a causa de una bala inoportuna. Esta nueva novela tiene un claro referente: Diez negritos. Pero la escritora Anne Holt, en lugar de encriptar homenajes y jugar a las adivinanzas con los entendidos, prefiere hacer explícito ese homenaje, poniendo las cartas sobre la mesa y actualizando esta emblemática novela problema.

Anne Holt sabe que para crear un bello enigma hay que situar la acción en un lugar sorprendente, donde todo pueda suceder. Qué mejor lugar que un refugio de montaña donde se alojan los pasajeros después de un accidente de tren. Están incomunicados y sometidos a las inclemencias del tiempo, a 1.222 metros sobre el nivel del mar, mientras se desata la peor tormenta de nieve que se recuerda en Noruega.


su anómala psicología,
 su extraña forma de ser


El escenario es ya de por sí conflictivo, y la gente está nerviosa, pensando si se quedarán atrapados por el temporal hasta el fin de los días... Cuando, en el momento menos pensado, aparece un cadáver. Mejor dicho, el primer cadáver. Entonces, los compañeros de viaje pasan a convertirse en sospechosos unos para otros, corre la voz de que esa vieja excéntrica de silla de ruedas fue policía, y ésta, quizás a su pesar, tendrá que integrarse y llevar las riendas de la investigación.

No se le escapa a Anne Holt que para que el enigma funcione, tiene que haber un investigador a la altura de las circunstancias. Y aquí tenemos la gran baza de la novela, en Hanne Wilhelmsen, personaje más que peculiar que nos narra la historia de viva voz, y desde su particular punto de vista. Distante, cínica e indiferente hacia los demás, no puede evitar sentir curiosidad por la gente, aunque esa curiosidad sea la propia de un mirón, que no quiere involucrarse en los acontecimientos. Quizás su falta de empatía ayuda a que los sentimientos no nublen su visión de la investigación. Conozcámosla un poco mejor:

Casi nunca salgo de casa. Se debe a muchas cosas, una de ellas es que no soporto que la gente me mire. Teniendo en cuenta que soy una mujer de mediana edad de aspecto normal en silla de ruedas, y que por tanto no debería resultarle especialmente interesante a nadie…

Wilhelmsen cargará con el peso de la función, y nos quedaremos con ganas de saber más de ella —la serie de novelas que protagoniza se escribió entre 1993 y 2007, siendo 1222 el título que cierra dicha serie, y en España se han editado las dos primeras entregas: La diosa ciega y Bienaventurados los sedientos—. Sí, querremos saber más de ella porque su autora es consciente del atractivo que despierta su anómala psicología, su extraña forma de ser, y lo explora con habilidad y humor. Capaz de ser desabrida con cualquiera, sin embargo, se reserva algo de ternura para los marginados, como el enano Magnus Streng, o el jovencito Adrian, un bala perdida que acaba de escaparse de un centro de menores. Redondeando el círculo, veremos que si el amor es algo que no tiene cabida en la vida de nuestra investigadora a la fuerza, al menos sí puede surgir algo parecido a la comprensión, la compasión y la camaradería.

Mondadori, 2013
David G. Panadero


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