Medusa malaya

         

En un restaurante de Kuala Lumpur me comí una medusa. De aspecto gelatinoso y color blanquecino, pero de un sabor extraordinario. Qué cosa más rica, por favor.

Desde entonces, ya no miro las medusas de la misma forma. Ya no las veo como algo peligroso, ya no las observo con cierto recelo o reverente miedo. No, en absoluto. Sólo las miro con deseo. Con hambre voraz.

La próxima vez que vean una medusa cerca, no huyan, no se alejen nadando como locos. Cácenla. Cocínenla. Cómansela. Ya me dirán.

Roberto Malo es el más y mejor cuentista de la banda
Publicar un comentario en la entrada