Crímenes pitagóricos. Tefcros Mijailidis

Crímenes pitagóricos es un libro pedagógico y didáctico, que transcurre entre ecuaciones y gonorreas

Suma y sigue...

Lo primero que, sin duda, llamará la atención del lector curioso e impertinente al observar la portada de Crímenes Pitagóricos será la ilustración nocturna –cuyos tonos sombríos y rojizos dejan entrever a dos figuras, elegantemente vestidos a la moda de principio de siglo pasado, conversando en un bulevar vacío y brumoso– y, plausiblemente, deducirá que se le ofrece una ya tópica y aburrida conspiración cátara que tunea, a placer y capricho, las idas y venidas del curso de la Historia.



la amistad de los
 puteros matemáticos


Sin embargo, antes de devolver, juiciosa y displicentemente, el ejemplar a su estantería, es probable que repare en la cita de Petros Markaris que, encarecidamente, recomienda la lectura del libro. Markaris es de fiar y su literatura está en las antípodas de la histórico-ucrónica-conspiranoide, así, ese hipotético lector no tardará en volverse a casa con el libro bajo el sobaco convencido de que algo debe tener el agua cuando la bendice, nada más y nada menos, que el mismísimo papá del Maigret heleno, el comisario Jaritos.

Es bien cierto, que no se ha llamado a engaño al lector y, a pesar de la ambigua portada, no ha adquirido una sarta de revelaciones noveladas de los grandes entresijos y gallinejas de la Historia sino una especie de “Tratado de Matemáticas para Gañanes” o un manual del tipo “Aprenda matemáticas sin darse cuenta”. Así, la novela comienza cuando el matemático Mijail Mavroleos recibe la noticia del asesinato de su amigo, el también matemático nato del matemático Stefanos y, con tan infausto motivo empieza la remembranza de treinta años de amistad, iniciada en las calles del París cosecha debut de siecle  donde desperdiciaron (o aprovecharon, vaya usted a saber) su dorada juventud discutiendo en cafés y burdeles (sí, como lo oyen) sobre abstrusos teoremas matemáticos (de los que se da cumplida y farragosa cuenta al incauto lector) mientras dejan boquiabiertos a Picasso, Max Jacob y sus bohemios costaleros además de a varios racimos de piculinas a las que intentan redimir descubriéndoles el alma oculta del polinimio.

La amistad de los verborrágicos y puteros matemáticos se irá consolidando entre ecuaciones y gonorreas y solo culminará con la muerte de Stefanos asesinado en aras de la preservación de un Bien Mayor: evitar que descubriera la cuadratura del círculo (¡sic!) y así, privase a las Matemáticas de toda su poesía, misterio, lirismo y jajajiji. A Dios pongo por testigo que no bromeo, ni tampoco creo que lo haga Tefcros Mijailidis. Aunque, ahora que lo pienso, quien debía estar de cachondeo al recomendar el libro fue, sin duda, Petros Markaris.

Crímenes pitagóricos es un libro pedagógico y didáctico, si bien frío cual derivada y gélido cual integral, aunque no es menos cierto que no soy quién para decir nada; al fin y al cabo, soy de letras.


Roca, 2008
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Luis de Luis
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