Cine negro español: Los peces rojos (1955)


No en vano nuestra cabeza oculta una pecera repleta de peces de colores...


La fuerza de sus imágenes


Sin lugar a dudas, Los peces rojos es una de las mejores películas de serie negra de nuestra filmografía. La acción, desarrollada a caballo entre Gijón y Madrid, nos va envolviendo a través de muy peculiares y cuidados ejercicios de analepsis. A través de éstas idas y venidas vamos percibiendo cada vez con mayor profundidad y complicidad el universo de los protagonistas. Se entrecruzan: el melodrama, el casticismo, una crítica inteligente del neorrealismo y una, en apariencia, siniestra trama.


la fuerza de la imaginación
 lo puede todo


Una pareja llega con su hijo a Gijón en una noche lluviosa, poco después este desaparece presuntamente arrebatado por el mar al que deciden acercarse para disfrutar de la tormenta en familia. Pero nada es como parece y se hará manifiesto a través de las vicisitudes de los personajes y de la investigación policial correspondiente que la desaparición del joven desencadena. La fuerza de la imaginación es capaz de engendrar no solo monstruos, sino vidas enteras, crímenes irreales y una manera cómoda de vivir de las rentas durante quince años.

Detengámonos en la fuerza de sus imágenes: la película se abre y se cierra con un mar tempestuoso que azota la costa en la noche, emblema de lo inconsciente y de la salvaje potencia de la imaginación, traza una deriva ominosa hacia lo tenebroso en diversas escenas: el peculiar cuadro del pasillo que insinúa un animal prehistórico, las escenas nocturnas del Madrid antiguo y de un Gijón desbordado por los elementos, la imaginación desbocada del escritor y sus peculiares soliloquios ventrílocuos con su presunto hijo... Detalles surrealistas, yo diría que buñuelescos, como la transformación en pavo realizada por un mago de la amiga de la protagonista mientras tiene una charla en el intervalo de un ensayo de la revista, añaden esa cotidianidad fantástica y ese humor tan necesarios para el desbordamiento imperceptible de lo secreto... que es la materia prima de la que están hechos tanto el buen cine como el universo. No en vano nuestra cabeza oculta una pecera repleta de peces de colores.

Emma Penella, en su papel de corista enamorada de dos hombres: el padre y el hijo, realiza una de las mejores interpretaciones de su carrera cinematográfica. Arturo de Córdova, galán mexicano con acento argentino muy valorado en su época, y los demás actores cumplen con pundonor y oficio su papel. Un film influenciado sin duda por Hitchcock con elementos celtibéricamente quijotescos pero adoptando de modo riguroso elementos fórmula característicos del cine negro. Nieves Conde fue un gran cineasta, en gran medida ninguneado por la posteridad por no encajar su obra con la hoja de ruta dogmática de nuestra mediocre progresía.

¿Qué es verdad? ¿qué es sueño? ¿donde empieza y donde termina lo que llamamos “realidad”? ¿podemos habitar sin destruirnos en la oscura prisión que es la sociedad humana? No creo que esta película dé una contestación clara a estas preguntas pero sin duda sabe plantearlas y embrujarnos durante su aproximada hora y media de metraje. Contra lo que opinen legítimamente algunos el final, que no era el planificado y que fue impuesto por la censura, ahora encaja mejor que el originariamente previsto.

El crimen requiere la noche y el mar pero, entre nosotros, el amor puede ser parte decisiva de esa respuesta.

Frank G. Rubio


España, 1955. Director: José Antonio Nieves Conde. Guión: Carlos Blanco. Fotografía: Francisco Sempere. Música: Miguel Asíns Arbó. Intérpretes: Arturo de Córdova, Emma Penella, Félix Dafauce y Pilar Soler.

Esta crítica de Los peces rojos forma parte del dossier sobre "Cine negro español" que ha elaborado Equipo Prótesis. Dicho dossier fue publicado en papel, dentro de la revista Prótesis nº7, aparecida en primavera de 2012, dedicada a indagar en los orígenes de la novela negra española. Los interesados pueden pedir su ejemplar en la librería madrileña Estudio en Escarlata.

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