Cine negro español: El clavo (1944)


El clavo parece sugerirnos una imagen aterradora. "Una calavera... ¡con un clavo dentro!". Rafael Gil sugiere, y a la vez evita herir sensibilidades


Para el espectador de entonces


Atención, spoiler: ¡el asesino era la prometida del juez! Aun así, vean esta película, amigos, porque el final no lo es todo. Porque esta casualidad tan casual que no convencería ni al mismísimo Auster podría formar parte del hecho real en que se basó Pedro Antonio de Alarcón para construir el relato homónimo en que, a su vez, se basó esta película.

Véanla sobre todo por ese magnífico plano que nos aterrorizó de pequeños. Sí, el plano del cráneo con el clavo atravesado. Sí, ese famoso plano que… ¡no existe! Y no insistas, porque por mucho que revises la película no lo encontrarás: era un plano inducido por el diálogo.

Reproduzco ese momento. El juez pasea por el cementerio acompañado por el alcalde del pueblo. Un par de albañiles portan los restos de un cadáver cuyo nicho está derruido. Se los van a dar al enterrador, cuando el juez repara en el cráneo y lo coge, manteniéndolo siempre fuera de cuadro.


JUEZ
Pero esta calavera… ¿no le parece demasiado singular?

ALCALDE
Una calavera… ¡con un clavo dentro!

JUEZ
Fíjese bien. La cabeza asoma por la parte superior del hueso coronal. Y la punta sale… ¿ve usted?, por lo que antes fue cielo de la boca. Demasiado extraño, ¿no le parece?

ALCALDE
Demasiado extraño, señor juez. 


Y luego el alcalde toma el cráneo y lo envuelve en su bufanda. E voilá! Jamás vemos ni calavera ni clavo. Pero… en nuestra cabeza se cocina la más tétrica de las imágenes. La más terrible. Y lentamente, según transcurre el resto de la película, la integramos como si de un plano real se tratara.

Me gustaría pensar que Rafael Gil inauguró el clan de inductores cinematográficos que, escamoteando planos, crearon imágenes aterradoras, como los ojos del bebe de Rosemary al final de La semilla del diablo, o la cabeza de la mujer del detective Mills de Seven, remitida por paquetería exprés, pero me temo que la omisión de este plano buscaba preservar el buen gusto sin herir la sensibilidad del espectador de la época (cosa extraña con una guerra tan reciente). Quizá mera censura: ¡Ya hemos visto muchos muertos, amigos Rafael! ¡Corte, corte! Nuestro pueblo se lo agradecerá. El caso es que me resulta imposible creer que el plano no hubiese sido rodado. La escena lo pide a gritos. ¡Prácticamente debería ser el cartel!

En fin… ya no me queda espacio para hablar de la película, así que les dejo con su magnífica sinopsis

Después de tomar posesión de su cargo como juez en un pueblo, Javier Zarco descubre en el cementerio un cráneo con un clavo atravesado. Convencido de que se trata de un asesinato, abre una investigación que le lleva hasta el autor del crimen: una mujer de la que él estuvo enamorado hace tiempo y que desapareció misteriosamente.

El Clavo no es quizá el peliculón que uno recordaba de niño deberíamos dejar de hacer revisiones, pero abre caminos a este género que ya nunca nos abandonará.

Yo creo que deben verla. O incluso… revisarla.

Fernando Cámara


España, 1944. Director: Rafael Gil. Guión: Rafael Gil y Eduardo Marquina. Fotografía: Alfredo Fraile. Música: Juan Quintero. Intérpretes: Rafael Durán, Amparo Rivelles, Milagros Leal y Manuel Arbó.

Esta crítica de El clavo forma parte del dossier sobre "Cine negro español" que ha elaborado Equipo Prótesis. Dicho dossier fue publicado en papel, dentro de la revista Prótesis nº7, aparecida en primavera de 2012, dedicada a indagar en los orígenes de la novela negra española. Los interesados pueden pedir su ejemplar en la librería madrileña Estudio en Escarlata.
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