Los Reyes de Copas

                                                                      
¡Hazme tuya, mi rey!
̶  ¡Al fin solos!, exclamó satisfecho el rey al despejar totalmente el tablero.
̶  ¡Hazme tuya, mi rey! susurró dulce y coqueta la reina.
Cuando el monarca se disponía a hacer dichosa a su dama, la mano enorme de otro Rey se interpuso en su camino cubriendo con sendas copas de champagne a la real pareja. Ante el estupor del rey, la reina, mujer de recursos, sobre todo cuando estaba muy excitada, comenzó a gritar y a gritar para las dos campanas derribar. Sus agudísimos chillidos las hicieron trizas.
̶  ¡Ay, cómo me la has clavado, mi rey!
̶  ¡Yo no he sido, mi reina! se lamentaba el soberano con sus reales posaderas asaetadas por los finísimos cristales de bohemia.
- ¡Sexo segudo, sexo segudo!, decía el otro Rey entre carcajadas.
Pero lo peor de todo es que no había ni un tristísimo peón que pudiera recoger los vidrios rotos.

Pedro Tejada Tello


                                               
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