La economía no existe. Antonio Baños


Si la economía no puede curar los males que ella misma crea, ¿qué tipo de disciplina es?

La economía no es
una ciencia


Lo que me motivó casi inmediatamente a leer este libro es que su autor lo define como un libelo. Mientras las universidades lanzan publicaciones llenas de citas de referentes ilustres y bibliografías kilométricas en siete idiomas que dan una apariencia de seriedad para camuflar la falta de ideas y de personalidad del autor, Antonio Baños pone las cartas sobre la mesa: la principal fuente de este libro es el simple sentido común y lo que se recoge en él es lo que cualquier persona con una cierta capacidad de raciocionio podría concluir por sí mismo si no estuviéramos mediatizados y con el cerebro lavado por telediarios, páginas web y periódicos que hablan de Moody's y del IBEX 35 como si fueran la Biblia. Esta conclusión es que la economía no es una ciencia, sino una tomadura de pelo de no más credibilidad que la astrología o el tarot; yo la compararía también con la frenología, una pseudociencia muy en boga en el siglo XIX según la cual ilustres médicos muy cultos de la época llegaban a conclusiones sobre la personalidad de los sujetos y las enfermedades que podían padecer observando los rasgos de su cara. He aquí uno de los más certeros párrafos del libro:

Imaginemos que una persona enferma acude a un centro de salud y le dicen: ‘Uy, madre. Sus síntomas se deben a diversas y complejas causas que pueden ir desde un cáncer a un resfriado; desde la rubeola a la inflamación de la próstata. Primero hay que ver la evolución de los macrosíntomas, las respuestas que produzca su cuerpo; sólo entonces podremos elaborar planes de choque’. El paciente está preocupado, acude al hospital, y allí le hacen unos análisis: ‘Nuestra previsión -le dice el analista- es que le quedan dos días. Perdón, las expectativas son ahora optimistas: calculamos tres años de vida. Bueno, hoy hemos revisado nuestra previsión a la baja y de hecho creemos que ya debería estar muerto’. Se me afeará el ejemplo diciendo que no se puede comparar la medicina con la economía. La primera es una ciencia seria, que mantiene su prestigio por su capacidad de alargar vidas, y en eso les doy la razón. Ahora bien, si la economía no es una ciencia, si no puede curar los males que ella misma crea, si no puede prever el resultado de lo que propone como solución o terapia, ¿qué tipo de disciplina es? (¿y para qué sirve?).
Puesto que queda claro que se trata de un conocimiento vagamente sistemático y profundamente esotérico, que a veces acierta y otras no, y que encuentra siempre una explicación plausible a cualquier resultado que se produzca, no es mucho lo que diferencia a un economista de un astrólogo. De hecho, la economía podría llegar a ser una ‘ciencia’ si se limitara a ser una ciencia forense. Porque nos explica de qué ha muerto el tipo, pero pocas veces acierta a salvarlo. En economía, como en una barbería de barrio, hay multitud de voces. Voces a todas horas, que expresan todas las opiniones posibles. Esta proliferación de voces sólo garantiza que alguna de ellas acabará teniendo razón, salvando así la credibilidad general de la barbería.

El libro es un poco errático, repite muchas ideas y le faltaría estar algo más estructurado para ser más contundente. Pero algunos puntos están muy bien explicados, como que la estructura actual del trabajo está directamente inspirada en la esclavitud, con la diferencia de que al menos los esclavos antiguos eran conscientes de su condición, o que la base del capitalismo es la existencia de una gran bolsa de pobreza y de desempleo para poder tirar de los salarios a la baja. Pero por encima de todo, es un libro ameno y lleno de sentido del humor; aparentemente ligero pero seguramente mucho más serio y riguroso que los libros "sesudos" que nos intentan vender las maravillas del liberalismo. El autor se anticipa a la posible queja de que no proponga ninguna alternativa al sistema que tanto critica, sentenciando muy acertadamente que ese no es su trabajo pero que hay personas que sí cobran mucho dinero por mejorar supuestamente el mundo y no lo hacen.

Los libros del lince, 2009
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José Antonio López (Jalop)
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