Invasor. Fernando Marías

Invasor, una novela que Fernando Marías ha escrito con inmediatez, con una marcada sensación de urgencia... 


Mi sangre tiene vida propia.


Fernando Marías, cultivador del thriller, es uno de los escritores españoles que mejor dominan la estructura narrativa. Tal es su habilidad para generar tensión y hacer crecer el relato, que, da la impresión, podría erigir una novela intensa e impactante casi desde cualquier punto de partida.


su ambigua novela admite las dos lecturas:
 ¿esquizofrenia o posesión?

Mucho se ha hablado y escrito de la que algunos llaman "la trilogía de los manuscritos", compuesta por Esta noche moriré (1992), El niño de los coroneles (Premio Nadal 2001) y La mujer de las alas grises (2003). En todas ellas, las líneas temporales se cruzan, se yuxtaponen, creando un laberinto de acontecimientos en el que dentro de cada historia, hay otra historia; donde cada nivel de lectura encierra otro nivel de lectura. Estas obras, de tintes colosalistas -en especial El niño de los coroneles, que abarca varias décadas, distintos conflictos armados...- se leen con una fluidez pasmosa gracias a la sabiduría narrativa de Fernando Marías, que, como dijo Luis Díaz, tiene "el tiempo en sus manos".

Pero Marías no puede, no quiere, mantenerse ajeno al mundo que le rodea: 11-S, guerra de Irak, intervención española en Irak, la guerra del "Todos contra la guerra"... Este peligroso contexto social le hizo escribir en 2004 Invasor, una novela con la que el autor cambiaría las reglas del juego, que escribiría con inmediatez, con una marcada sensación de urgencia... Novela, por cierto, reeditada en 2012 a propósito de su adaptación al cine por parte de Daniel Calparsoro.

Es posible -aquí me permito elucubrar- que Fernando Marías pensara que no era el momento más indicado para escribir un thriller virtuoso y manierista. Ante realidades tan dolorosas como las que se estaban viviendo, Marías prefirió, antes que internarse una vez más en esos laberintos de espejos, ofrecer una obra cruda, combativa, narrada en presente, en una desgarrada voz en primera persona, que dejase a las claras su condena hacia los acontecimientos internacionales... Y el resultado fue una novela corta, que anda por las 200 páginas, que toma como punto de partida el thriller político de denuncia. Una denuncia, por cierto, honesta, sin falsas coartadas, donde se dan los nombres que se tienen que dar: Blair, Bush, Aznar, Trillo...

Y ese punto de partida notablemente politizado, en manos de Marías, va derivando hacia la historia de terror. Una historia de terror subjetiva, intimista, donde se cuestiona la realidad, tal como hiciera Henry James en Otra vuelta de tuerca. Tal como Roland Topor en El quimérico inquilino. ¿Están los fantasmas ahí, conviviendo con nosotros, o son solo una proyección de nuestra mala conciencia? Fernando Marías se reserva habilidosamente la respuesta, ya que su ambigua novela admite las dos lecturas: ¿esquizofrenia o posesión?

El resultado es una novela minimalista, donde casi toda la acción se circunscribe al protagonista -a su conciencia-, ofreciendo un espectáculo claustrofóbico, no apto para todos los paladares, que nos habla de los fantasmas y de la culpabilidad. La sangre llama a la sangre. Comenzamos estas líneas hablando del dominio de la técnica narrativa. Despidámonos con un botón de muestra, la primera línea de la novela, que condensa toda su fuerza expresiva y no nos dejará soltar ya el libro:


Mi sangre tiene vida propia.

Imagine, 2012
Compra en Estudio en Escarlata
David G. Panadero
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