Que los muertos descansen en paz. El segundo caso del detective Cooper. Malla Nunn





Frenética investigación a contrarreloj

Sudáfrica, años 50: desequilibrios de poder

Emmanuel Cooper pasa por una mala racha. De trabajar como investigador de la policía judicial sudafricana, y por supuesto, tener categoría de blanco, se ve obligado a abandonarla de forma ignominiosa, y es reclasificado como mestizo. En la Sudáfrica de principios de los años 50, eso resulta una auténtica catástrofe personal. Y lo va llevando como puede trabajando como obrero en un astillero de Durban, y haciendo ocasionales trabajillos de informador para su antiguo jefe. Durante una de estas misiones, se ve involucrado en la muerte violenta de un niño blanco. Al indagar en las circunstancias de este horrible hecho, la cosa se complica con la muerte violenta de dos mujeres más, dónde todas las pruebas le acusan a él. Con estos preliminares, Cooper se lanza a una frenética investigación con el tiempo marcado para poder evitar la soga del verdugo. Y para que no falte de nada, aparece un conflicto entre las grandes potencias, que hará intervenir a jugadores especialmente cruentos en esta farragosa partida. Novela de gran intensidad, con trama compleja, pero muy bien llevada, en dónde no sólo destacan los temas y escenarios, apasionantes y tremendos ambos, sino una panoplia de personajes variadísima, y con la que la autora nos propone una colección de historias subyugantes. Mención aparte merece el protagonista, uno de esos héroes perseguidos por la fatalidad, lúcido en un mundo desquiciado y canalla, al que intenta dar un poco de sentido y humanidad, recordándonos al Arkady Renko de Martin Cruz Smith. Y todo esto en la Sudáfrica del apartheid, que está intentando soltar amarras de la metrópoli inglesa, para poder desplegar sus convicciones racistas sin ataduras, con los desequilibrios de poder y las luchas internas que significan parecidas situaciones. Una magnífica novela.

Siruela, 2012
José María Sánchez Pardo 
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