Play Room. Patricia Muñiz

¿Qué pasa si la fantasía resulta adictiva?
 
¡Dime qué deseas!
 
 
Admito que fue el morbo lo que me atrajo hacia Play Room, la primera novela de Patricia Muñiz. La frase promocional de Hernán Migoya no se queda atrás: "Play Room está escrito como cuando te dan ganas de masturbarte, por impulso." La portada de Joan Marín, sirve para añadir leña al fuego: vemos de perfil a una mujer a la que imaginamos atada, con la boca cubierta...
 
K. Dick y Corín Tellado;
 Cronenberg y Almudena Grandes...
 
Patricia Muñiz se ha servido de todos estos reclamos para convocar a las mentes más calenturientas, y como una posmoderna Sherezade de la Era Digital, sabe dosificar el erotismo en su novela, para ir más allá de la mera genitalidad, sacándose de continuo cartas de la manga.
 
Su novela nos habla de un grupo de buscavidas que se someten a un experimento empresarial, derivado de los nuevos avances en domótica. Un grupo de hombres de negocios ha creado la Play Room, sala virtual de la que disfrutar en compañía de los mejores amigos, donde se puede vivir una fantasía sexual, llevándola hasta las últimas consecuencias, con la tranquilidad de que no es más que eso: fantasía. Y que por tanto, no es peligrosa... ¿O sí lo es? ¿Y si resulta adictiva? ¿Y si los jugadores de la Play Room no quieren después asumir los papeles, mucho más aburridos, que les otorga la vida cotidiana? ¿Y si, en última instancia, los jugadores se van separando de la realidad, hasta el punto de no saber distinguirla de la ficción?
 
La historia nos es contada desde la perspectiva de Seila Dor, que trabaja en una librería, y sueña con llegar a ser escritora. Algún día... Cuando conoce a su admirado y prestigioso escritor Esteban Rey, éste le propondrá un pacto mefistofélico/literario harto particular: la joven aporta sus vivencias. Vivencias que en manos del veterano escritor, se plasmarán en argumentos colosales, llamados al éxito...
 
Añadamos la guinda al pastel: estamos ante la novela de debut de Patricia Muñiz. Y, por no romper la tradición, intuimos que en ésta hay mucho de catártico, de liberación personal, de lucha contra los fantasmas... O al menos, así nos lo parece. Por eso, pese a todos los telones de fondo que la autora propone, que no son precisamente pocos, advertimos un hilo argumental en el que -ahora sí, ya le tocaba-, Patricia se desnuda completamente, para narrarnos los infortunios del pasado, su lucha contra las adversidades, y su triunfo por medio del amor dentro de la pareja.
 
Cuesta trabajo encontrar tanta inspiración en tan pocas páginas. De hecho, Play Room es una obra inquieta, que se aprecia más en sus búsquedas, en sus pretensiones, que en sus resultados. Quizás Patricia Muñiz haya querido abarcar demasiados temas, sin profundizar lo suficiente en cada uno de ellos. De cualquier manera, da la impresión de que la autora se ha dejado llevar, de manera intuititiva, caprichosa... Hasta llevarnos a un desenlace que ella misma deseaba tanto como nosotros.
 
Resultaría complicado calificar Play Room en unas pocas líneas. Quizás interese a los que le interesaron los juegos paranoides, de simulación, de un Philip K. Dick. O las especulaciones sobre la sexualidad y la exploración de los límites del cuerpo, tal y como los vimos en las películas de David Cronenberg. Sin embargo, en honor a la verdad, tenemos que aclarar que todas estas referencias culturales están aquí enfocadas de una manera femenina, de forma que, pese a la temática relativa a la especulación científica, sería más apropiado hablar de escritoras como Corín Tellado, como Almudena Grandes, como Lola Beccaria, que, cada una desde su perspectiva, tratan de configurar la identidad de la mujer en un mundo cada vez más cambiante.
 
Underbrain Books, 2012
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David G. Panadero
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