Los reyes de lo cool. Don Winslow

La Norteamérica de la cocaína, del hiperconsumo, de la hipermodernidad...
 
California, preciosa niña salvaje
 

"California -cito de memoria a El Chico de la Moto- es como una preciosa niña salvaje, adicta a la heroína, que no se da cuenta de que se está muriendo; que no se daría cuenta aunque le enseñases las marcas". Con esta imagen tan sensual y desgarrada definía la escritora juvenil S.E. Hinton el estado del surf y las playas. La novela que citamos es La ley de la calle. Don Winslow tampoco es ajeno a ese extraño atractivo de California, donde los atardeceres son de postal, pero donde la droga recorre las calles y las conciencias...
 
recuperando el testigo de James Ellroy
 y T. Jefferson Parker
 
Los reyes de lo cool es una precuela de Salvajes, novela que llevara al cine Oliver Stone en 2012, recuperando, por cierto, todo su mordiente en esas lides. Esta precuela retoma al trío protagonista de la trama -Ben, idealista incurable que trabaja por todo el mundo con ONGs; Chon, antiguo miembro de las fuerzas especiales del ejército; O, la chica multiorgásmica a la que los dos aman por encima de todas las cosas-.
 
Además, Don Winslow sabe que tiene el tiempo en sus manos, y disemina la acción entre finales de los años 60 y la actualidad, ciñéndose al año 2005, que es el que marca la "profesionalización" de Ben, Chon y O dentro del narcotráfico. Y esos límites temporales encierran, evidentemente, una intencionalidad muy marcada, pues le sirven a Winslow para hablarnos tanto de la Norteamérica hippie, consumidora de marihuana, llena de esperanzas y utopías por cumplir, como de la Norteamérica de la cocaína, del hiperconsumo, de la hipermodernidad, en la que vivimos ahora inmersos.
 
Que no espere el lector miradas complacientes o nostálgicas hacia esta o aquella Norteamérica; recuperando el testigo de James Ellroy, de T. Jefferson Parker, Winslow está decidido a convertirse en el cronista insobornable de California, y  no va a dejar pasar una... Por sus páginas apreciaremos el colorido local de sus personajes: skaters, surfistas, hippies, drogadictos sin hogar, fugados, muchachas delgaduchas...
 
Los reyes de lo cool nos introduce en ese mundo aportando una muestra de literatura drogada, que autores como Ginsberg o Burroughs no tendrían problemas en asumir como propia. En medio de la narrativa beoda -tal y como corresponde a esos personajes-, las asociaciones de ideas fluyen libremente, y el momento de más inspiración puede llegar con la próxima calada.
 
Winslow se sirve de una narrativa ecléctica que, nos atreveremos a decir, conforma un mega-espectáculo que va más allá de lo meramente literario. En el collage que conforma la novela cabe de todo: metaliteratura, narración por medio de guión de cine, notas al margen, pequeños discursos y caprichos... Botón de muestra:
 
Doc regresa con sus colegas surfistas y todos se colocan. Ahí tenéis la gran pesadilla de los republicanos de Orange County: los peores elementos antisociales (surfistas y hippies) reunidos en un plato combinado de amor demoníaco inducido por las drogas.
 
Para los más mitómanos, señalaremos un par de curiosidades: en esta novela aparecen de forma episódica personajes provenientes de otras novelas del autor. Nos referimos a Bobby Z y a Frankie Machine. Y concluiremos diciendo que con Don Winslow tenemos uno de los autores más interesantes de la actual novela negra norteamericana. Cuando se imponen las grandes sagas, las entregas formularias, o, por decirlo de otra manera, la convención y la fabricación en serie por encima de la innovación, llega Winslow dispuesto a acabar con la cuarta pared, para defender el carácter díscolo del género negro, cuyos argumentos nacen entre nosotros, en la calle...
 
Mondadori, 2012
David G. Panadero
 
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