La ciudad vestida de negro: Prólogo


Cadáveres en el cruce de caminos


Cuando la Ciudad se viste de negro, 
siempre hay un escritor que deja su testimonio


Hay películas cuya mala –buena– influencia resulta decisiva. Con Psicosis (Psycho, 1960), Alfred Hitchcock no sólo se sacó de la manga a uno de los personajes más populares del siglo XX –Superman, Mickey Mouse, Indiana Jones, Norman Bates…–; además, siguiendo la iconografía del american gothic, dio un nuevo significado a las casas abandonadas, los moteles de carretera secundaria, y, sobre todo, otorgó un aspecto más cotidiano al terror. Quien te espiara por la ducha y acabara contigo a punta de cuchillo no tenía porqué ser una persona de aspecto monstruoso; antes bien, podría ser ese tipo de aire introvertido, de manos delicadas, aire deferente… Podríamos ir incluso más allá al hablar de los orígenes literarios de esta película: para la misma, Hitchcock adaptó la novela homónima de Robert Bloch, un prolífico escritor de género que, junto con otros como Richard Matheson, ayudaron a situar las amenazas en territorios cotidianos, dejando atrás el goticismo tradicional, las montañas transilvanas, los castillos encantados, y sustituyéndolos por los rincones más familiares de la América Profunda.

en estas páginas hay una instantánea
 inconfundible de la crisis

La noche de los muertos vivientes (The night of the living dead, 1968) también tuvo que ser revolucionaria en su día. Nadie hasta entonces se había planteado que el Apocalipsis zombi podría ser algo tan sucio y desastrado como un informativo rodado con la cámara al hombro. Los mordiscos duelen como mordiscos de verdad; la sangre brota como sangre de verdad. No hay excusas sobrenaturales que embellezcan el canibalismo. Como vemos, la llegada del terror moderno también revoluciona la gramática del género. Ya no se busca la belleza irreal de lo fantástico; antes bien, se impone a golpe de martillo la realidad cotidiana con todas sus imperfecciones. Se trata de acercar al espectador a la experiencia del día a día… Obsérvese una curiosidad sobre estas dos películas: ambas son consideradas de terror, aún desde sus respectivos planteamientos, y las dos parten de un realismo casi naturalista.

Cuesta imaginar la literatura de los pesos pesados del género moderno sin estas películas: Stephen King, Clive Barker, Thomas Harris se antojan discípulos aventajados…

En esta antología hemos querido ofrecer unas muestras de género que destaquen, ante todo, por su intensidad, y que transiten por esa zona de penumbra que comparten el género negro y el terrorífico. Muchos se preguntarán a qué nos referimos con “Terror urbano”, y responderemos que hemos preferido apelar a la intuición de los lectores, que sabrán reconocer una emoción concreta, antes que adentrarnos en farragosas discusiones académicas que nos ayuden a separar “lo negro” de “lo policial” y de “lo terrorífico”. Antes bien, al contrario; siempre hemos pensado que bastante jaleo hay en ponernos de acuerdo a la hora de definir lo que nos gusta, como para acotar terrenos de forma drástica. Por eso, nuestro terreno es el de historias inquietantes que transcurran en la ciudad y nos amenacen en nuestro propio terreno. No hay más reglas. Hemos contactado con especialistas tanto del género negro como de la novela de terror, para hermanarlos en estas páginas, con un resultado siniestro, como podréis comprobar enseguida…

En esta antología están presentes autores españoles de varias generaciones. Dentro de los veteranos, naturalmente, cada autor aporta un registro concreto: de la ironía y el distanciamiento intelectual a la pureza genérica conservada y depurada después de décadas de escritura; del afán paródico al tono crepuscular.

El resto de autores, los que actualmente cultivan el género, sorprenden por la variedad de sus planteamientos. En estas páginas, el lector encontrará relatos sobre ciclistas misteriosos, catástrofes naturales, venganzas, mujeres silenciosas, confusión de personalidades en Internet… Y todos ellos conforman un retrato polivalente, lleno de matices, de nuestra sociedad y sus miedos. Da la impresión de que ha sido una mano invisible la que ha coordinado a nuestros autores, porque, sin duda, en estas páginas hay una instantánea inconfundible de la crisis, que nos muestra su imagen más siniestra.

La conclusión que podemos extraer después de leer este libro es que la ciudad es el personaje más importante de todos los cuentos, y cuando se viste de negro, siempre hay un escritor que deja un testimonio.

Drakul, 2012
David G. Panadero
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