Contra las cuerdas. Susana Hernández

Contra las cuerdas funciona como un verdadero “pasapáginas” donde las piezas confluyen de manera coherente


Una novela de mujeres



Oficio y soltura es lo que demuestra Susana Hernández en Contra las cuerdas, novela policiaca ambientada en Barcelona que nace con vocación de best seller. En este libro, la escritora retoma a los personajes que ya nos presentó en Curvas peligrosas, la subinspectora Rebeca Santana y su compañera Míriam Vázquez, veterana e inspiradora. A buen entendedor, palabras sobran: estamos ante una novela de mujeres, escrita por una mujer que parece decidida a derrumbar viejos mitos, como aquel que nos indica que el género negro es un coto exclusivo para hombres.

la Ciudad Condal
 como terreno de ficción

En las casi 300 páginas de la novela, la autora no quiere dar un respiro a su Rebeca Santana, que se tiene que enfrentar a un nuevo caso. Empiezan a aparecer mujeres violadas y asesinadas. Pero además, Santana tendrá que lidiar con otras dificultades: un acosador que la amenaza; su madre enferma, con la que tiene una relación complicada, atraviesa serias dificultades y le pide ayuda; su ex novia, de la que sigue muy enamorada, le ha dado la espalda definitivamente… Y Santana, con la ayuda de una protectora y sabia Vázquez, tendrá que salir airosa de todo este infierno.

La escritora maneja los hilos con habilidad, combinando unas historias con otras, suspendiendo siempre la acción en el momento oportuno, para ir dejándonos con ganas de más. Su estilo es directo y sencillo, y ayuda a que no nos perdamos en el laberinto de la intriga. A través de frases cortas, eludiendo los adornos innecesarios, Susana Hernández va tejiendo una prosa funcional donde no sobran ni faltan palabras, y los capítulos tienen la extensión adecuada. Tal es la fluidez del texto, que cuando uno se quiere dar cuenta, ya ha leído 100 páginas, y pasados algunos momentos, reparamos en que hemos pasado, con mucho, el ecuador de la novela…

Decíamos que Contra las cuerdas es novela de policías ambientada en Barcelona. Y Susana Hernández, añadimos, no es, ni de lejos, la primera en emplear la Ciudad Condal como terreno de ficción. Ya ha habido una nómina de autores que entre el tardofranquismo y los primeros años de la democracia, legitimaron tal ciudad como espacio literario, sacando todo el partido a su idiosincrasia, sus calles y sus rincones. Nos referimos a escritores como Jaume Fuster, Manuel Vázquez Montalbán, Francisco González Ledesma, Andreu Martín… Todos ellos tuvieron que luchar con uñas y dientes contra los prejuicios de los lectores y críticos, que eran reacios a leer historias negras desarrolladas en nuestra tierra. Por eso mismo, porque Barcelona es una ciudad gloriosamente conquistada –al menos para la ficción–, nuestra autora puede desarrollar su historia con cierta distancia, sin necesidad de reivindicar un escenario propio, que ya es aceptado y compartido sin recelos ni suspicacias.

Contra las cuerdas funciona, por tanto, como un verdadero “pasapáginas”, como enigma policiaco donde las piezas confluyen de manera coherente, dejando además una puerta abierta al misterio. Puerta que, sospechamos con cierto fundamento, se cerrará en la próxima entrega de Santana y Vázquez. Puestos a sacar algún pero a la novela, nos gustaría señalar que ahí donde están sus principales aciertos –la sencillez de la estructura, la accesibilidad de su escritura– podrían estar sus puntos débiles: una prosa tan digestiva, tan fácil de leer, podría no admitir dobles sentidos, ambigüedades, sutilezas… Quizás, en medio de la investigación, donde nada es lo que parece ni lo que aparece, se haya extraviado un elemento que podría haber dado más juego: la insinuación.

Alrevés, 2012
David G. Panadero
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