Sobre Dioses y diablos mediáticos, de Ramón Reig. Por Jalop


   

Los grandes periódicos, emisoras de radio y de televisión no tienen como objetivo que los ciudadanos estemos informados sino mostrar la realidad según los intereses de las grandes empresas que los financian. Son principalmente mecanismos de propaganda. Muchos podemos pensarlo a simple vista, pero Ramón Reig, el autor de Dioses y diablos mediáticos, ofrece gran cantidad de datos sobre quién financia cada uno de los grupos empresariales que posee las acciones y por lo tanto maneja estos medios, y también da ejemplos de cómo las noticias están filtradas por los intereses de los propietarios de los mismos, no solamente en cuanto a temas de política nacional e internacional, sino que llegan a recomendar sin ningún pudor  las películas producidas por sus empresas en la sección cultural y de espectáculos.

Escrito en 2004, Dioses y diablos mediáticos centra muchos de los ejemplos de manipulación y tergiversación de la actualidad en la cobertura de la guerra de Irak. Se podría decir que el libro se adelantó a su tiempo, puesto que si incluso en aquella época, en la que sí parecía haber en los principales medios de comunicación dos discursos bastante opuestos relativos a la justicia de aquella intervención y a los intereses que había detrás de ella, los principales periódicos españoles daban una visión de los hechos no muy diferente en realidad, en los últimos años la convergencia ha sido todavía mucho mayor y toda la prensa escrita, radiofónica y televisiva sirve de altavoz  unánime en la actualidad a los discursos del Fondo Monetario Internacional y de la banca alemana acerca de la insostenibilidad del Estado del bienestar y de cualquier alternativa posible al neoliberalismo más radical. El libro destaca especialmente la paradójica situación en la que se encuentra el grupo Prisa, intentando mantener un aroma supuestamente izquierdista mientras sigue a rajatabla los intereses del mercado y el discurso de la clase social dominante, ese nadar y guardar la ropa que hace años recibía la denominación de gauche divine. Tampoco es que el texto defienda que la sinceridad del resto de la prensa, que defiende los mismos valores pero ya sin ningún tipo de coartada, pueda ser considerada precisamente una virtud, pero las contradicciones de los medios "progresistas" pueden resultar más llamativas. 

Muy interesante, por último, la reflexión que propone el libro acerca de la utilización para la venta de productos publicitarios de la imagen de niños de corta o cortísima edad, incluidos bebés, que evidentemente no están dando ningún tipo de consentimiento para ello, una práctica que tenemos asumida como inocua y normal y que resulta aberrante si nos paramos a pensar sobre ello. 

José Antonio López (Jalop)
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