Serie 21 dedos. José Ángel Mañas y Antonio D. Leiva

Este ejercicio de metapulp conserva todo el candor de los modelos que se plantea, pero aúna la cara de póker del que sabe que tiene las mejores cartas en la manga







Pocas veces unas portadas transmiten de manera tan certera lo que hay dentro del libro. Estallantes collages posmodernos en los que cabe de todo: un torero con cuernos; unas piernas apetitosas embutidas en mallas fucsias; banderas de España, metralletas y bocatas de jamón; tentáculos y pistolas; manos inocentes y manos que no lo son; un botiquín de primeros auxilios; una locomotora asesina que fagocita palabras… Este es el mundo del Hombre de los Veintiún Dedos, un tipo mítico a su pesar que sólo aspira a reunir algo de dinero y desaparecer en Brasil, rodeado de féminas…

21 dedos:
 un mundo violento, despiadado y grotesco

Yo quiero ser torero!
La saga, que todavía no ha terminado ni mucho menos, y que siempre nos deja en el punto más alto con el consabido continuará, nos introduce en lo más bizarro de la España Profunda, por medio de episodios autoconclusivos, donde siempre queda más de un cabo suelto –novelitas que en su diseño y en su contenido recuerdan los llorados bolsilibros de Bruguera–.

Los artífices de este proyecto son José Ángel Mañas –sí, el que quedara finalista del premio Nadal con la celebérrima Historias del Kronen– y Antonio D. Leiva, profesor universitario que ha tenido serios coqueteos con la narrativa. Mañas, portavoz involuntario de la llamada Generación X, defendía que después del decenio socialista, no había futuro para la novela. Por si a alguien le quedaran dudas sobre en qué consiste dicha generación, recordamos la aportación de Antonio Blanco, el malogrado director de La matanza caníbal de los garrulos lisérgicos (1993), cuando en un debate televisivo, para sacar de dudas, dijo que Generación X éramos los que habíamos crecido con discos de los Clash y tebeos de Spiderman.

Pero volvamos al mundo violento, despiadado y grotesco de 21 dedos: el héroe persigue su meta, fugarse a Brasil, pero la ve cada vez más lejana, enredado como está en el submundo criminal de España. Hay sitio para todo: el famoseo y sus relaciones neuróticas a bordo de un yate –¿alusión irreverente al Polanski de El cuchillo en el agua?; el secuestro de un comando antiterrorista donde se producen jugosas y disparatadas reflexiones acerca de “lo español”; la violencia soterrada de los brumosos gallegos en la Costa da Morte…

Todas estas aventuras están narradas como si se tratara de una cuenta atrás: Mañas y Leiva han de llegar a la meta, la página 100, con la aventura resuelta, y para ello se sirven de toda suerte de recursos narrativos. Tal como estas portadas que comentamos al principio de este texto, los autores realizan un vibrante collage donde cabe todo: un despiadado narrador en tercera persona que nos va anunciando las tragedias sin pestañear, distintos monólogos interiores cuyas piezas forman el puzzle de la novela, cartas que un personaje dirige a su madre en medio de la aventura…

En definitiva, si quieres leer a unos dignos sucesores de Spillane, Silver Kane, Sax Rohmer o Clark Carrados, decídete a seguir a 21 dedos. Este ejercicio de metapulp conserva todo el candor de los modelos que se plantea, pero aúna la cara de póker del que sabe que tiene las mejores cartas en la manga. Y ahora no esperes más; ¡vete a por ellos!

Planeta, 2012
David G. Panadero
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