Entrevista con Aníbal Malvar


Leer novela negra es cojonudo, pues cuando menos te lo esperas, y creyendo que ya todos los caminos están trillados, aparece como un ciclón una novela como La balada de los miserables de Aníbal Malvar, con una durísima historia en el ambiente suburbial de Madrid, en una combinación de tremendismo y lirismo que golpea y emociona a la vez. Por lo tanto, no podíamos dejar de hablar con este periodista, curtido en mil historias, reales y ficticias, para que nos acercara a esta apasionante novela.

Texto: José María Sánchez Pardo
Fotografías: cedidas por el escritor.

Tremendismo y lirismo


Aníbal Malvar nació en La Coruña en 1964. Ha trabajado de periodista en prensa, radio y televisión, tanto en la sección de Cultura, como en sucesos. De igual forma participó en guiones y producción de cortos, y por si fuera poco ejerce de músico por diversos garitos. Escribió en los noventa un puñado de interesantes novelas negras. Actualmente se dedica a hacer reportajes para diversos medios.


¿Qué te hizo escribir esta novela?

No sé asaltar bancos, asesinar a registradores de la propiedad o montar revoluciones, así que escribí La balada de los miserables. Es mi forma de dinamitar. Cuando escribo, no solo pretendo divertir. Necesito también subvertir. Esta novela quiere ser un himno a la subversión. Hay que cambiar el mundo entre whisky y whisky, ¿no? Escribir una novela es algo que puede hacer cualquiera. Lo entretenido es investigar cómo se escribe un cóctel molotov.


¿Por qué el título de La balada de los miserables?

Le llamé balada porque es un canto. Fíjate que hay mucha lírica cuando se describe el suburbio, el vertedero, la miseria… Las flores más hermosas nacen en los vertederos. Por supuesto, los miserables es un homenaje al gran Víctor Hugo. Los miserables también fue, en su momento, un canto a la rebelión.

Hay mucha lírica cuando se describe el suburbio


¿Qué relación tiene esta novela con las que has escrito anteriormente?

Creo que hay un cambio, una evolución. Entre La balada de los miserables, que es mi quinta novela, y Ala de mosca, que es la cuarta, pasaron catorce años. Fueron catorce años bastante intensos, con muchos reportajes y muchos viajes, unos años felizmente accidentados. Creo que estuve tanto tiempo sin escribir novela porque necesitaba hacer algo nuevo. Y para hacer algo nuevo, si eres honesto, tienes la obligación de convertirte en alguien nuevo. Creo que lo conseguí. Ahora soy un tío bastante más joven que cuando tenía 30 años.


La novela es narrada por muy diversas voces: personas, objetos, fenómenos metereológicos ... ¿cómo se te ocurrió esta fórmula?

También necesitaba ojos nuevos. Los míos están muy cansados. Necesitaba los ojos del diablo, de la vejez, del dinero o de la aurora para que ellos me transmitieran otros puntos de vista menos cercanos, más fríos. Si no quieres convertirte en un predicador, las tragedias humanas debes contarlas con escepticismo, frialdad, distancia, amor y humor. Las personas mejor capacitadas para escribir novela negra somos los psicópatas. El psicópata no siente ni padece, solo observa con indiferencia.


"Ser la polla de un tío al que llaman el Relamío tiene sus pros y sus contras. Entre los pros, que tu fama va de boca en boca. Porque al Relamío, mi jefe, no le llaman así porque sea excesivamente atildado y primoroso, sibarita y sofisticado, amariconado o british. Le dicen el Relamío porque sólo le gusta que se la chupen, que me laman, que me mamen, que me liben, que me deglutan. Todo esto la polla de un hombre -disculpen el pleonasmo, pero ustedes también dicen persona humana"

... después de leer esto... ¿podríamos decir que te gusta el estilo tremendo y muy lírico a la vez?

Hay que devolverle a los poetas la suciedad, el fango y la miseria. Los poetas tienen también derecho a morir asesinados. Un poeta con navaja es mucho más atractivo que un señor que rima. Hay que devolverle la novela negra a los poetas. El lirismo barriobajero es mi manera de expresar el profundo amor que siento hacia lo desclasado, lo marginal, lo desolado, lo desesperanzado y lo perdido. Prefiero una noche durmiendo en cartones debajo de un puente que una semana en crucero rodeado de chicas y chicos cursis. Por eso trato el horror con lirismo, con delicadeza, con mimo. A veces hay gente que dice que mi estilo es muy brutal. De acuerdo. Mis libros quieren golpear, y no voy a pegarle a la gente con un objeto blando.


Esta novela no puede negar su adscripción al género negro, pero no sólo por los delitos que aparecen, sino por la propuesta y reflexión sobre el dolor y la tragedia humana que se muestran. ¿Cuánto te importa o interesa el dolor de los seres humanos?

Me parece bastante abúlico dejar en manos de tíos como Cristo, Gandhi o Mandela la responsabilidad de cambiar el mundo, de hacerlo más justo. Creo que los egoístas y los vanidosos también tenemos derecho a pelear. La tarea de sobrevivir es demasiado aburrida como para ocupar toda una vida. Hay que arriesgarse y morir por cosas imposibles, y hacerlo en plan chulo. Nada de poner cara de mártir.


¿Existen realmente hoy día escenarios tan duros como el poblado gitano?

Por supuesto. Y cada vez más. La marginación es una inercia que crece exponencialmente. Sobre todo en estos tiempos. En España, sin duda, la delincuencia va a aumentar de forma enorme. Es normal que un hombre mate para evitar el hambre de sus hijos. El hambre te hace tan cruel como la riqueza. La necesidad te hace tan indiferente como la avaricia. Actúa con la misma frialdad el navajero que te asesina por 200 euros en un cajero que el banquero que ordena tu desahucio y tu muerte en vida. He conocido a asesinos pobres y a banqueros. Los dos son igual de inhumanos, solo que el asesino suele ser más divertido.

El asesino suele ser más divertido


El tráfico y consumo de heroína y demás drogas, ¿sigue funcionando como lo muestras en tu novela?

Hace tres o cuatro años tuve escondido a un camellito gitano en casa. Había dejado embarazada a la hija de un camello bastante potentillo y le había robado no sé cuántos quilos de coca. La chica también se vino. Hace unos meses, la guardia civil me dijo que me habían tenido vigilado pensando que se usaba mi casa como lugar de almacenaje. Escribo siempre sobre lo que conozco, salvo cuando escribo poemas de amor.


¿Cómo es que elegiste a los gitanos como protagonistas de este drama? Hoy día en España hay diversas etnias que podrían haber pasado por esa tragedia...

Comparto con los gitanos el espíritu nómada, antisistema y libertario. No comparto con ellos su machismo y otras infinitas cosas. Los elegí como protagonistas de La balada de los miserables porque me parecen un paradigma del desclasado. Alguno de mis amigos gitanos me cortaría el cuello si les dijera que los he utilizado como metáfora.


¿Cómo se te ocurre el personaje y las escenas de La niña de mis ojos, la que vive en las montañas de desperdicios..?

Los personajes no se te ocurren. Están dentro de la novela, como los fantasmas que habitan una casa, y de vez en cuando aparecen. Te das cuenta de que el fantasma, el personaje, necesita decirte algo y lo persigues por los pasillos oscuros, aunque estés acojonado. Durante la escritura de La balada de los miserables, yo le abrí todas las ventanas a los fantasmas, a los muertos. A veces escribía en el límite de la locura, de la alucinación, y me costaba regresar.


Pese a que afirmas que la noche de Madrid está llena de ...

" ... ejecutivos con resaca prematura, yonquis anafilácticos, mendigos, maricones de urinario, pijas con carmín en los labios vaginales, niños del éxtasis, mirones ciegos de vino, guineanos con cajones de pulseras, reclutas con permiso para matar, cuarentonas con todas las canas al aire, secretas cantosos, vampiros fanados, diletantes con sueño, ladrones honrados y solitarios vecinos del sexto que han preferido, una noche más, bajar las escaleras antes que arrojarse por el balcón."

¿Cuánto te gusta la noche de Madrid?


Desde niño, fui un animal nocturno. Me gusta la noche de Madrid, la de Londres, la de los pueblos pequeños, la de Freetown… Quizá porque nací poco antes de las doce de la noche de un día trece, no sé. Pero el día me hace sentirme extranjero, intruso. No sé escribir de día.


los policías y guardias civiles que salen en la novela no son ni del género estupendo, ni del triste... ¿qué imagen y qué te parecen los que ejercen de agentes de la Autoridad...?

Llevo veinte años trabajando como periodista, y la mayor parte de ellos dedicado a temas de ETA, narcotráfico, Grapo, inmigración ilegal, marginación… Tengo muchos amigos policías y guardias civiles. Y muchos amigos ladrones y delincuentes. Aunque no son muy conscientes de eso, se aman mutuamente. Son prácticamente iguales. Conviven en los mismos territorios fronterizos, y eso va conformando un carácter muy peculiar, donde aspectos como la humanidad, la crueldad, la compasión o la violencia se multiplican. Son personas que viven en los extremos, y eso los hace fascinantes desde el punto de vista humano y literario. Desarrollan terminaciones nerviosas que otros hombres y mujeres ni sospechan.


Tú, que eres periodista, ¿qué impresión te da el medio periodístico actual? ¿y el sector de sucesos en particular?


El periodismo español está hecho una mierda porque los popes, los gestores y los directores descapitalizaron los medios chupando unos sueldos altísimos y precarizando la situación del reportero, que es el que de verdad está en la calle y necesita dinero para comprar información, sobornar, invitar a unas copas o a unas rayas, etc… Que se jodan los puristas. De un asunto sucio solo consigues información tratando con tipos sucios y utilizando métodos sucios. Los asesinos, exceptuando políticos, empresarios y banqueros, no dan ruedas de prensa. Creo inmoral que haya periodistas, y muchos, que cobren sueldos que multiplican por diez, y por cien, y por mil, el sueldo mínimo interprofesional. Esos tíos se olvidan rápidamente de lo que es la calle, porque el periodismo es la calle, no los despachos de los directivos de la banca, salvo que sea para trasladarlos al talego, ni la prima de riesgo. Pero, cuando el periodismo está muerto, es cuando resulta más estimulante resucitarlo.

Tu novela tiene una de las escenas finales más impresionantes y hermosas escritas en muchos años... ¿cómo se te ocurrió ese final?

Me halaga que digas eso del final de La balada de los miserables. ¿Cómo se me ocurrió? Hay una frase que lo anuncia ya al principio de la novela: “Es muy humillante formar parte de toda esa basura que habría que enterrar para que el mundo pareciera un poco limpio”. Tenemos que enterrar la basura, compañero. Y es mucha basura. Debemos repartir el trabajo. Ser muchos.


Esta entrevista se llevó a cabo, mediante respuesta a un cuestionario enviado por correo electrónico, a mediados del mes de Julio de 2012. Queríamos expresar nuestro agradecimiento por la ayuda recibida a la gente de la editorial AKAL, y en particular a Elvira de Miguel.






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