Cara o cruz. Ana Zarzuelo


     

¿Cara o cruz?, le preguntó el comisario. Esto no es un juego, señor, respondió Emeterio. ¿Cara o cruz?, volvió a repetir desafiante el comisario. Cara, contestó el detenido. Cara, es usted culpable del asesinato de su mujer. Todas las pruebas le incriminan, respondió el comisario. Mi mujer no está muerta, afirmó Emeterio. Está viva por mucho que desee no verla. ¡Esta viva! ¿Se está riendo de mí?, le desafió el comisario. ¡Usted la ha matado! No me líe con sus historias. Ahora se las cuenta al juez si tiene ganas, ya que yo lo veo directamente juzgado y condenado. Si me condenan será un castigo del infierno por no acatar mis votos de celibato. Soy un descarriado que desea volver al rebaño. Al único rebaño que va usted a ir es al de los presos, respondió el comisario. Además por asesinato con alevosía, porque perdone, cincuenta puñaladas son con alevosía, usted no saldrá en muchos años.  Perdone comisario, le respondió Emeterio, sólo recuerdo la primera cuchillada. ¿Acaso me dice que alguien colaboró con usted? No. yo estaba en la cocina y ella me llamó preguntando que si deseaba sexo con ella, cuando yo sabía que ella se acostaba con media calle. Sólo recuerdo que tenía el cuchillo en la mano, ya que yo estaba preparando la cena como siempre. Yo no sé lo que pasó después. Usted dijo que recuerda haber dado la primera cuchillada, afirmó el comisario. Dije eso pero no recuerdo en que instante no tenía el cuchillo en la mano, y estaba clavado en su hermoso pecho. ¿Y porque dice usted que está viva, señor Sánchez? ¿No ve usted su sonrisa burlona, comisario? Señor, su mujer esta muerta.  No, se equivoca, está al lado mío, pero yo intentó ignorarla aunque su simple roce me hace desearla, me hace odiarla, ¿No la ve junto a mí rozándome, tentándome, señor comisario? Si tuviera un cuchillo a mano… Salió de repente Emeterio del trance y preguntó: ¿Y si hubiera dicho cruz? ¿No sabe que existe la falsa moneda?, preguntó el comisario.
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