Una escoba; dos escobas; tres escobas. Ana Zarzuelo


Una escoba; dos escobas; tres escobas, enumeraba el agente. Un recogedor; dos recogedores; tres recogedores, seguía contando Carlos. No me extraña que esté la casa tan  limpia con tantas escobas, y eso que sólo hay un solo morador residiendo en ella.

    

 ¿El herido como  evoluciona Juan? Bien, ya recuperó la conciencia, contestó el otro agente. Una pala, dos palas, tres palas. Este hombre lo tenía todo por triplicado, comentó Carlos. Menos mal que no tenía mujer, sino tendría tres, y con aguantar a una  ya es bastante. ¿Va a pasar por aquí  el comisario?, preguntó el tercer agente. Me llamó diciendo que pasaba después de hablar con la víctima, comentó Carlos. Bueno, hagamos el informe: Herido de bala en su domicilio, calle San Félix número cuatro. No existen indicios de asalto, ya que la puerta permanecía cerrada con llave. No se hallaron pruebas en toda la casa sobre la presencia de nadie.  Pero no me extraña nada después de tanta limpieza. ¿Pero porqué deseaba este hombre tanta pala, si apenas tenía un jardín? Una de las palas parece que está más limpia que las demás, ¿no le parece Juan? Puede que tenga razón, Carlos; y, antes yo  había observado que había tierra revuelta. Entonces aprovechemos que haya tres palas y escarbemos, haber que encontramos.
No tardaron mucho en sacar los cadáveres, que se encontraban enterados en el jardín.  Uno, dos, tres, iba  enumeraba Carlos.
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