Un manojo de cartas. Roberto Malo


AS DE COPAS

Al apurar la copa de vino advertí que en su fondo había un hombre diminuto ahogándose, debatiéndose entre la vida y la muerte. Aturdido, agucé la vista para apreciar su rostro. Afortunadamente, comprobé que no era el mío.

    


REY DE OROS

El rey Midas se desprendió de todas sus ropas y la doncella contempló maravillada su áureo cuerpo desnudo. El rey abrazó con pasión a su amada y al contacto ella también se tornó en oro. Hicieron el amor, y fue como el eclipse de dos soles.



CABALLO DE OROS

Año tras año mi hijo me pedía con insistencia que le comprase un caballo. Cuando por fin se lo compré –en un momento de insensata debilidad, sin duda alguna, mi hijo se montó en él y se fue de casa para no volver nunca más. Esto me enseñó que a los hijos no hay que concederles todos sus caprichos.



AS DE BASTOS

Deshago concienzudamente el cubo de rubik y mi hijo lo recompone en menos de un minuto. Desde luego, el burro de mi hijo es un as despegando y pegando los adhesivos de colores.



DOS DE OROS

Mi adorada y dorada amante en vez de tetas tiene dos grandes monedas de oro. A pesar de este hecho inaudito la quiero igual que a cualquier mortal, pues es todo un tesoro.
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