Narcolepsia. Jordi Ledesma Álvarez (y 2)


gracias a su magistral puesta en escena, huye de toda convención y lugar común para mostrarnos los bajos fondos de nuestro país

No es lo de siempre


Cuando un lector, digamos generalista, todoterreno o inespecífico (etiquetar a gusto del consumidor) concatena varios textos de un mismo género, ya sea negro, rosa o amarillo fosforito, lo habitual es que el incauto neófito acabe saturándose de arquetipos.
Por el contrario, los pocos que superamos la prueba (con frecuencia, dejando parte de nuestra salud mental en el empeño), no sé si por sobrecompensación o qué otra jugarreta psicológica, nos convertimos en la mayoría de los casos en incondicionales del cliché.

 un necesario revulsivo

Tanto es así, que muchas veces parece que si el investigador no es irónico y descreído, ni nos cae simpático ni nos resulta creíble (¡pero qué sabremos nosotros de la vida del detective privado!), mientras que sus contrapartidas femeninas, se nos antojan, como a los propios sabuesos, más mujeres cuanto más fatales.

Por eso, a la larga, los lectores de género corremos un serio peligro de ver nuestro gusto literario atrofiado, de terminar perdonando lo imperdonable en aras del canon, disculpando que los anaqueles de librerías y bibliotecas  rebosen títulos de manida ambientación pseudopeliculera, personajes de cartón piedra y tramas tantas veces copiadas que hace décadas que desgastaron el papel de calco.

Por suerte, de vez en cuando, alguna intrépida editorial independiente (jamás Planeta ni astros similares, preocupados únicamente por sondear el universo literario en pos del próximo Larsson y el enésimo Dan Brown) se arriesga y nos bendice con perlas negras como “Narcolepsia”.

Una obra, la ópera prima de Jordi Ledesma, que gracias a su magistral puesta en escena, huye de toda convención y lugar común para mostrarnos, con tal verosimilitud que antes de sentarme a escribir esta reseña hube de hacerme con el correo de su autor para cerciorarme de que no era una autobiografía al más puro estilo Dani el Rojo, como son, en verdad, los bajos fondos de nuestro país.

Este “crime procedural” relata, con todo lujo de narcodetalles, el personal descenso a los infiernos de Julio en su intento de ascender en el proceloso mundo del lumpen catalán, de pasar de ser “el Perla”, un camello adolescente de la Barceloneta con delirios de grandeza, a rozar el título de Don Julio. Para ello, nuestro peculiar cicerone gangsteril habrá de hacer frente a un sinfín de trapicheos y delaciones, balaceras y encerronas narradas de forma tan veraz que es imposible dilucidar donde termina la documentación y empieza la ficción. Un auténtico padrino Made in Spain, donde se dará cita lo peor de cada casa, desde policías corruptos de la ciudad condal a carteles mexicanos, de pistoleros colombianos a jugadores profesionales; hecho que, gracias al finísimo oído de Ledesma, quedará patente en sus giros y expresiones, muy acordes con su origen y condición.

En resumen, una primera gran novela, un necesario revulsivo ante tanto huelebraguetas prefabricado y tanto insulso poli nórdico, muy recomendable para todo aquel lector de género que, como yo, esté cansado de que las editoriales le sirvan “lo de siempre”.

Alreves, 2012

Sergio Vera Valencia
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