Entrevista con Antonio Jiménez Barca


En 2006 irrumpió con fuerza Antonio Jiménez Barca con una novela, Deudas pendientes, que propuso una nueva forma de hacer novela negra en España. Y hasta tal punto impresionó que en 2007 se llevó el premio Silverio Cañada a la mejor primera novela durante la Semana Negra de Gijón de ese año. En 2011, el autor ha publicado La botella del náufrago, que ha vuelto a emocionar a los amantes de la novela negra. Hemos tenido la ocasión y la fortuna de poder hablar con él, y que nos cuente sus impresiones, sus intenciones y sus reflexiones sobre estas dos novelas, y en general sobre el género y la literatura. Pero, ante todo nos hemos encontrado con un hombre apasionado y sensible, que ama y hace amar la literatura y el género negro.

Texto: José María Sánchez Pardo
Foto: Daniel Mordzinski

    



no me interesa la novela negra en la que aparece el policía y lo resuelva todo. Yo pongo el foco en personajes, que en  otras novelas negras clásicas, serían secundarios


¿Por qué has tardado cinco años entre las dos novelas?

¡Porque no he tenido tiempo! Por una cuestión de tiempo. No soy más rápido, además soy un escritor lento, y he trabajado mucho para el periódico estos años, y tengo dos niños pequeños… Ha sido imposible hacerla antes.

En tus dos novelas los protagonistas se dedican a hacer de salvadores de gente que no se lo pide...

Más que salvadores, creo que mis personajes buscan una redención. Su vida es un poco desastre. En el primer caso es un tipo al que la novia le acaba de dejar, que no tiene ningún futuro en lo profesional. Ese problema que se le viene le permite enderezar su vida. En la segunda novela es un poco más complicado. El personaje busca una redención de algo que él no tiene la culpa, pero de lo que se siente culpable. Siente que su vida, es una vida prestada, es una vida robada, de mentira, que tendría que haber muerto. Busca, en una especie de locura, salvar a esta chica que está prisionera, y de paso salvarse a sí mismo.

Los protagonistas de las dos novelas quedan marcados por la ausencia del ser amado: en un caso una ruptura sentimental y en el otro la muerte…

Más que la ausencia de mujer, es la soledad. Yo hablaría de personajes que están solos. En la primera novela la relación amorosa del protagonista no es tan evidente, es más la relación de amistad, él busca a su amigo, se reencuentra, y a través del amigo se encuentra a sí mismo. En la segunda, él no ha perdido su amor, ha perdido su vida entera, a su mujer y su hijo. Yo creo que alguien que ha perdido a su mujer, sus hijos, su familia, esa cosa tan típica, pierde de golpe su vida entera. Él es una rata de laboratorio, intenta salir por donde sea. Esta historia de la prostituta que manda un mensaje para que la salven es un poco cuento infantil, es como un señor que tiene que salvar a una princesa que está en un castillo, es un poco cuento infantil, y tonta en el fondo. Pero él se redime así. 

Mis personajes buscan una redención


Estos dos personajes pasan de ser personas normales a elevarse de su condición, aunque para ello tengan que pegarse con quien sea...

Habría que ver qué entendemos por personas normales… eso es lo que me gusta a mí hacer en las novelas. A mí no me interesa un detective que sea fuerte. Eso no me interesa nada. Estas son novelas negras, pero con personajes que te los puedes encontrar en cualquier sitio, en este mismo bar, o saliendo a la calle. Son personajes a los que la vida les ha colocado en  una situación  no límite, pero sí en una situación extraña. Una situación no límite, pero sí al borde del abismo. Por lo tanto, estos personajes que están al borde del abismo reaccionan así, para escapar como ratas de laboratorio, son personas normales que reaccionan así, o que pueden reaccionar así… o me gustaría pensar que pueden reaccionar así, o me gustan estas historias en que estas personas reaccionan así. No me interesan los héroes. Ni los detectives. En las dos novelas que tengo, siempre hay un policía, pero el policía siempre aparece desdibujado, aparece en segundo plano. ¿por qué? Porque no me interesa la novela negra en la que aparece el policía y lo resuelva todo. Yo pongo el foco en personajes, que en  otras novelas negras clásicas, serían secundarios. Es una novela negra lateral, o algo así.
 
Sacas Un Madrid y un Vigo chungos y tristes

La parte de Madrid es la parte fácil, porque yo viví en San Blas. Nadie me tiene que contar porque yo conocí a gente así. No tengo que leer libros sobre eso, niños que con ocho años esnifan pegamento, y se pasan al caballo. En el caso de la segunda novela, me he ayudado de mi profesión. Yo conocí por un reportaje para el periódico a una prostituta, que se parece mucho a la que sale en la novela, no la chica que rescata, sino a una que conoce el protagonista en un bar. Esa mujer existe. Yo me la encontré haciendo un reportaje que tuve que hacer sobre los secuestros de mujeres y la explotación sexual, y me lo contó todo. Me impresionó tanto, que su relato estuvo en mi cabeza todo este tiempo. Ahí el escritor se sirve del periodista. Como periodista, es una realidad que yo he podido conocer. Siempre digo que el periodismo que yo hacía en reportajes, es impagable, es un tesoro, la gente te va contando sus historias. Porque eso no se lo cuentan a cualquiera: sólo a su familia, algún amigo... o a un periodista. Y el novelista usa del periodista para poder contar esta historia.

¿Qué hay de real en tu última novela?

Yo conocí a una prostituta en Vigo, haciendo un reportaje para el periódico, sobre secuestro de mujeres y prostitución. Era española, podría ser la que se encuentra el protagonista en Vigo, y es la que ve con envidia que hay un tipo que está dispuesto a rescatar a una chica concreta, a ésa en particular y no a alguna de las muchísimas que están en ese mundo, pues el protagonista no pretende erradicar la prostitución sino salvar a esa chica en concreto.
 
¿Qué experiencia radiofónica tienes y especialmente la de deportes?

Prácticamente ninguna. Tengo muchos amigos en la radio, y alguna vez he colaborado en ella, pero yo hacía chistes, en un programa de chistes de Onda Madrid. Lo que pasa es que a mí me encanta la radio. No puedo irme a la cama sin oír la radio, siempre me duermo con la radio. Ahora con las radios francesas, que tienen unos programas cojonudos, pero si no, oigo la radio española. Pero me gusta para escuchar, no para hablar por ella. Por ejemplo, a mí no me gusta el fútbol, pero me encantan los programas de deportes. Por ejemplo, mi mujer y yo, que no nos gusta el fútbol, hablamos de metafútbol...  

Los personajes intentan escapar


¿El dolor se conjura con acción?

Intentas escapar del dolor, a través de la acción. Creo que los personajes fundamentalmente lo que quieren es escapar. No sé de qué, pero intentan escapar.

¿Qué otra cosa pueden hacer? Al protagonista de La botella del náufrago, le ofrecen para salir de su situación viajes, vacaciones... pero no puede. La salida es ésa, ir a buscar a la chica...

El perro salvado ¿es una metáfora?, ¿tienes perro?

Sí, claro, un labrador blanco. Si no, es imposible hacer la novela. Cuando tú pierdes toda tu vida, y este hombre no se da cuenta que su vida se ha ido a tomar por culo, hasta que no llega a su casa, y ve que ha desaparecido la rutina, y busca desesperadamente algo de su mundo anterior. Y además ve que se le ha olvidado el perro, y se tiene que ir a salvarlo, pero el perro es como él, está totalmente abandonado.

¿La segunda novela es más dura, más triste que la primera?

Eso dice mi entorno, mi familia, mis amigos. La historia me salió así, porque estuve buscando un argumento que me fuera fácil, no me veía con fuerzas para hacer una novela más complicada, busqué un argumento fácil, y en el fondo el argumento es una tontería si lo piensas. La trama es muy leve. Ya te dije que tenía la información del reportaje, pero daba para más. Si lo piensas, el infierno está aquí... eso tiene muchas posibilidades literarias. Saber dónde está el infierno es un lujo para el escritor. Saber dónde está el infierno, y hacer que alguien baje a él para salvar a esta persona, es lo que más me atrajo del argumento. El argumento es alguien que lleva encima el infierno, y baja al infierno para salvar a una persona, y de paso salvarse él.

La casualidad como principio del horror o aspecto de la salvación…

Es que la casualidad importa mucho en la vida, y en las historias pues también. Mira que leo novela negra, pero las novelas éstas de detectives, que van investigando y encuentran las cosas, no me interesan.  Creo más en la casualidad, muchos partidos se ganan de goles de churro, hasta un Mundial se puede ganar de churro... nada elaborados como el de Iniesta. Yo lo que quería demostrar era, que además de todo este infierno que lleva encima el protagonista, al final gana gracias a un gol de churro. ¿Por qué? porque a veces se gana... y a veces se pierde.


El policía sale más vital en la segunda que en la primera

Porque en la segunda no es un policía al que le encargan un caso, sino un amigo, al que el otro le ha dejado colgado, le ha traicionado, en la segunda vemos la cara de amigo de Roche. A veces pienso en sacar a este personaje, el comisario Roche en otras novelas, pero es que me resulta muy pesado… Hay que buscarle argumentos en los que no parezca tan pesado.

La sensación de estar siendo perseguido aparece mucho en tus novelas

Porque me parece un argumento muy literario: ¿quién me busca?, ¿por qué me busca?, ¿por qué anda detrás de mí?... me parece muy literario. Tampoco lo pienso conscientemente, pero me salen siempre así... es verdad. 

Tus historias resultan muy dolorosas; más que crónicas de sucesos parecen crónicas del dolor

Para crónica de sucesos, ya las hice en el periódico. No me interesa hacer una crónica de sucesos. Yo ya escribí la historia de esta prostituta en el periódico, eso sí poniendo toda el alma que puedo poner en una novela... Cuando escribí la historia de esta mujer, puse el mismo interés, el mismo cariño, el mismo corazón, que en la novela, pero en la novela lo afronté literariamente. Así la crónica de sucesos está subordinada a una historia de soledad, de dolor... ¿Puedes enseñarme una puerta del infierno? Esta mujer me la mostró. Yo la escribí en el periódico, y ahora la uso literariamente.
 
"La verdad sólo sale por la noche con gente insomne atiborrada de orfidales"…

Eso viene de un programa de la radio. A mí me gusta mucho escuchar la radio, en la radio está el programa en el que me he inspirado, Hablar por hablar, de la SER. Cuando tú oyes ese programa te das cuenta de la cantidad de gente, no tanto de gente desesperada, sino de gente que quiere contar su historia. Que lo único que quieren es contar esas historias tan chungas. Yo no puedo escuchar todas las noches ese programa, porque acabo desesperado, pero de vez en cuando lo oigo, y te das cuenta, que la gente no sólo está desesperada, sino que necesita contarlo. Ese espacio en donde la gente puede contar sus historias es de mucha lucidez. De ahí la frase que citabas, pues está esa lucidez dramática... Pero lo que más me impresiona es que la gente quiera contarlo, no que esté desesperada, que lo puedo entender, sino que lo cuente.

¿Existe la trata de blancas en España?

Hice dos reportajes sobre el tema. Uno en Madrid, y otro en Vigo, -por eso sale Vigo en la novela-. No hace falta hacer una novela sobre el tema, y hay gente mucho más autorizada que yo, para mostrarte esa realidad.
 
A mí me lo contó una prostituta, en Lavapiés, en un centro que recogían prostitutas, que las salvaban. Esta chica se sentó delante de mí, y empezó a contarme. Y me contó que la habían engañado, que ella creía que iba a trabajar aquí, que la habían violado, que después la habían traído aquí, y la habían prostituido, y que la habían llevado a un burdel, en donde por las noches, además de prostituirlas, había un patio donde las pegaban...¡una cosa horrorosa! Quizá en la novela sale crudamente, porque esta mujer me contó los detalles, creo que la gracia de la novela está en los detalles, y esto sólo se consigue porque alguien te ha contado esa historia, como novelista o como periodista. Por ejemplo esta chica me decía que en español sólo sabía cuatro palabras: ¿tienes fuego?, quiero una copa, ¿quieres follar? y amor mío... Con esas cuatro palabras puedes mostrar el horror de ese mundo... Cuando digo que el infierno existe, me refiero a eso.  

¿Cuál es el papel de las ONGs y la Policía para combatir esta lacra?

La policía es quien las rescata de los burdeles, pero después tienen que ser las ONGs, las que las buscan un lugar donde quedarse. Hacen labores complementarias. Seguro que hay policías hijosdeputa, corruptos, pero yo hablé con muchos que conocían la realidad, y sabían cómo tratarla.

¿Hay muchas Pilar Suárez (personaje de la novela) por ahí?

Sí, sí hay muchas mujeres así. Yo, en Vigo, conocí una chica que hacía eso. Trabajaba rescatando prostitutas. ¿Por qué? No lo sé, no se lo pregunté... hay ONGs de ex-prostitutas que se han rehabilitado, pero en Vigo conocí a gente que trabajaba con ellas, pero no eran ex-prostitutas...

En ambas novelas aparecen chanchullos del mundo inmobiliario...

Es algo muy socorrido. Está por todos lados y hay muchas fórmulas para hacerlo. Lo que aparece en la primera novela es de un reportaje que hice en un pueblo de Guadalajara. Que se hacían chanchullos con las firmas, algo parecido a lo que hemos sacado que hace la Iglesia, que hace registros de tierras. Leí sobre este tema hace tiempo e hice un reportaje, y lo utilicé en la novela. En la segunda lo usé más como descripción del malo, del personaje de Tornillo, porque hay que ser muy hijodeputa para hacer eso… Y lo ví en un reportaje de televisión, donde salía un tío que lo contaba, creo que en Informe semanal, donde salía un hijoputa que contaba cómo hacía para echar a la gente de una casa. Contrataba gitanos, rumanos, hippies. Más que hippies son gente chunga que viven de joderle la vida a otros.

También es una forma de darle realidad al personaje. Yo no sé decir que tal personaje es así o asá. Yo lo que sé es mostrar al personaje, Más que describirlos los hago hablar, actuar. Tú ves a Tornillo que mete a unos hijosdepputa en una casa para echar a unos viejos, y ya te puedes imaginar qué tipo de persona es.

Pero lo que más me gustaba del personaje de Tornillo, no era lo malo que es, sino bucear en él. Cuando ya has mostrado al personaje lo pongo a rodar y entonces salen más capas del personaje, todos los personajes tienen muchas capas. Y de esta novela me interesaba la pelea final, en la que pelean el malo y el bueno, que no deja de ser un argumento un poco idiota: el bueno, el malo y la chica a la que rescata... un argumento casi medieval, pero todo deformado. Al final el bueno y el malo pelean, y una pelea fea. Una pelea puede ser bonita, cinematográfica. Ésta no. Es fea. Porque el bueno en el fondo está intentando matar al que mató a su mujer y a su hijo. Y el malo, lo que está intentando es redimirse, se intercambian los papeles, son lo mismo... aunque luego cada uno recoge su papel. Pero hay un momento, y eso es lo que me ha gustado, en que ambos son lo mismo.., no sé, porque la vida es así...


¿En Deudas pendientes, haces un homenaje a La generación destrozada por la heroína?  

Todo es literario. Pero yo viví en San Blas, conocí mucha gente metida en esas historias. Y me pregunto cuando veo a algún tipo por ahí tirado, si pensará, que por qué está así, por qué ha acabado de esa forma. Cualquier personaje de esos tiene una novela. El personaje de Juli en Deudas pendientes es uno de mis personajes favoritos, porque es un perdedor, superperdedor... lo ha perdido todo, incluso su propia dignidad.
Algo parecido pasa con Tornillo en La botella del náufrago, que está desesperado por redimirse, porque está desesperado porque en un momento de su vida él traicionó, y tiene una deuda por pagar, y esta deuda la va arrastrando todo el tiempo. Y sólo está pendiente de que vuelva su amigo, para pelearse, para matarse y acabar de una vez. Ése es el mensaje que está en La botella del náufrago, que pide le liberen de una vez. La que sí logra que llegue su mensaje es la prostituta, porque lo que son los demás… mandan mensajes, y nadie los escucha...
    
El tiempo en tus novelas es muy distinto...

Sí, es así. La primera está basada en la nostalgia. A mí me gusta mucho la nostalgia. Hay una novela preciosa, Juegos de la edad tardía, de Luis Landero, en la que el protagonista, que escribía versos de joven, encuentra, ya mayor,  una caja de poemas del adolescente que fue, y se ve a sí mismo, con cuarentaytantos años, y hablando del joven que fue dice: ¿Qué he hecho de tí? ¿en qué te he convertido?. Para mí ésa es la frase que resume todo. Yo no hago otra cosa que hacerme esa pregunta. A través de las novelas trato de responder a los personajes. En Deudas pendientes, los personajes no paran de formularse esas preguntas. Por ejemplo, el protagonista, Trendi, no se ha convertido en nada, lo que busca es volver a tener diecisiete años... ¿Por qué? no sé. Por eso esta novela juega con la nostalgia, con volver a tener diecisiete años, con eso que creo que no he resuelto, y sobre lo que tendré que volver a escribir.


Futuros proyectos

Estoy dándole vueltas a una novela que transcurra desde el 78 al 80. Voy a utilizar gente mayor que yo, del 56, y la historia iría de esa generación en la que, por un lado está el compromiso político, y por otro lado están Alaska y los Pegamoides. En Madrid, volverá a aparecer mi barrio otra vez, las diferentes clases sociales, cómo se mezclaban... Lo estoy madurando. Me buscaré una excusa o argumento de género negro o blanco... Se parecerá más a Deudas que a La botella.



Esta entrevista se realizó en Gijón, en una sala del hotel Don Miguel, el jueves 28 de Julio de 2011, durante la celebración de la Semana Negra. Queremos expresar nuestro agradecimiento a Itziar de Francisco de la editorial RBA, por todo lo que nos facilitó el contacto con el autor.

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