Tarde, sesión continua. Jaume Fuster

Jaume Fuster impone sus reglas, fundiendo nostalgia, emoción, experimentación formal y erudición

Una película infinita
A menudo, la memoria es caprichosa, y tendemos a olvidar a algunos de nuestros más importantes escritores. Tal es el caso de Jaume Fuster, pionero catalán de la novela negra española, que además destacó por dar un tratamiento novedoso, imaginativo e intelectualizado al género, quizás en la línea de autores cultos como Juan Marsé, Alfonso Grosso, Gonzalo Torrente Ballester o Eduardo Mendoza.

Como tantos otros, Jaume Fuster era un apasionado de la cultura popular norteamericana. Pero hay algo que lo singulariza: Fuster no se conforma con emular los clásicos amados; antes bien, prefiere jugar al género negro pero imponiendo sus propias reglas, aportando así una visión única en la que se funden la nostalgia, la emoción, la experimentación formal y la erudición. Fuster trasciende la mera mitomanía gracias a la imposición de un ritual lo suficientemente elocuente: la proyección de un clásico imaginario del cine negro en la oscuridad de una sala de cine.



No hay fronteras entre realidad y ficción


Si en novelas suyas ya clásicas, como El procedimiento, nuestro autor juega con todas las voces narrativas posibles para reconstruir una historia de forma caleidoscópica, en Tarde, sesión continua, el narrador se desdobla para dirigirse a sí mismo el Jaume Fuster adulto habla con el joven Jaume Fuster que se deja las pupilas en cines de sesión continua; la reflexión sobre el paso del tiempo cuaja en una sola línea–, y acabar rompiendo la cuarta pared, para introducirse en la ficción de esas películas falsas y etéreas que pueblan nuestros sueños. Las películas de Bogart.

No necesita Jaume Fuster ni más ni menos elementos para construir una novela de novelas, una obra que, como el Quijote, contiene muchas obras y sublima nuestras fantasías más recurrentes. Le basta con contarnos la vida del pequeño Jaume –sí, su propia vida– y recordar casi en fogonazos la miseria y las estrecheces que se vivían en Cataluña en tiempos de Franco. Pero Jaume, de pequeño y también de adulto, es tremendamente imaginativo, y no lo dudará a la hora de adentrarse en el terreno de ficción, para acompañar a Bogart en sus paseos por Chandlerville. Incluso llegará a ser Bogart, a ser el héroe de la aventura.

Además, los propios capítulos de Tarde, sesión continua nos van introduciendo en la fantasía cinéfila. Empezamos con “Entrada”, “Noticiario” y “Créditos”, y ya no se hace esperar el comienzo de la película más importante de la jornada, la que llenará las páginas de esta novela: Cosecha de sangre, narrada en seis bobinas. Como tantas muestras del cine y la novela negra norteamericana, Cosecha de sangre resulta follonera, por los giros, las traiciones, las sorpresas… Pero la leeremos con placer porque, como no podía ser de otra manera, estamos del lado del héroe. Una vez acabada la novela, no sabremos si quedarnos con la realidad o la ficción; recordaremos la vida del pequeño Jaume, cómo se convierte en escritor, cómo se refugia en su mundo interior… Y quizás acabemos concluyendo que realidad y ficción, por extraño que resulte, y al menos en este caso, son las dos caras de la misma moneda.

Bruguera, 1982
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David G. Panadero
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