Hoy. Roberto Malo

Hoy, 16 de enero, mientras intentaba formar un puzzle de cuarenta mil piezas que me regalaron, he sentido que pensabas en mí. He sentido que gritabas mi nombre. He sentido que me llamabas con todas tus fuerzas. He sentido tu voz, tu desesperación, tu deseo... Sin embargo, no me he atrevido a ir a verte. 

     
Hoy, 25 de enero, todavía no he acabado el puzzle de cuarenta mil piezas que me regalaron. Creo que me costará mucho. El problema no es que sean muchas piezas, sino que las piezas cambian continuamente de forma, como si tuvieran vida propia, como si fueran de plastilina; se burlan de mí y por mucho que lo intento nunca encajan. Asimismo, he vuelto a sentir que pensabas en mí. Y me he alegrado mucho. Yo también pienso en ti. 

Hoy, 4 de febrero, he tirado el puzzle de cuarenta mil piezas por la ventana. Los niños de la calle se han alegrado mucho. También he vuelto a pensar en ti. Creo que voy a ir a verte pronto. 

Hoy, 12 de febrero, mientras leía por octava vez un cuento de un escritor ya fallecido, he sentido que sonreías. Al sentirlo, yo he sonreído también. Tu sonrisa me hace feliz. 

Hoy, 16 de febrero, he leído por décimo novena vez el cuento del escritor ya fallecido. Creo que me estoy enamorando del cuento. No hago más que leerlo una y otra vez, una y otra vez. Al leerlo, ¿sabes?, pienso en ti. 

Hoy, 23 de febrero, mientras veía una película que vimos juntos, una de las primeras que vimos juntos, he comenzado a llorar. Te echo mucho de menos. 

Hoy, 3 de marzo, todavía sigo llorando. No consigo parar. Estoy adelgazando terriblemente. Te sigo echando mucho de menos. 

Hoy, 6 de marzo, he acudido a un curandero para que me cure de mi llanto. Me ha dicho que mi caso es pan comido para él. Por descontado, te sigo echando mucho de menos. 

Hoy, 7 de marzo, he dejado de llorar. Las hierbas y los bebedizos del curandero han dado resultado, pero te sigo echando muchísimo de menos. 

Hoy, 8 de marzo, estoy empezando a notar los efectos secundarios de mi cura. Todo mi cuerpo, tanto a lo alto como a lo ancho, está aumentando de tamaño. Estoy creciendo, me estoy transformando en un gigante; soy el increíble hombre creciente. Mi corazón, como todo, está creciendo, y con él aumentan mis deseos de verte. 

Hoy, 9 de marzo, le he dado una paliza al curandero y le he obligado a devolverme a mi tamaño original. El muy desgraciado, afortunadamente, lo ha conseguido. Aunque mi corazón ha vuelto al tamaño original, mis deseos de verte no han disminuido. 

Hoy, 10 de marzo, sin poder soportarlo más, he ido a verte a tu casa. Al abrirme, me has sonreído. Hoy, por fin, es hoy.
Publicar un comentario en la entrada