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Desde su irrupción en el mercado editorial hispánico, cercano ya
el cuarto de siglo, de alguna manera la editorial Valdemar ha reescrito
la historia de la literatura concediendo, en cuidadas ediciones, carta de
naturaleza a géneros (terror, fantástico, gótico...) desautorizados y
descubriendo clásicos ignotos y autores olvidados
De la misma forma, a partir de La Sombra del
Asesino, generosa antología
de relatos policiales (casi 850 páginas, 33 relatos y solo 16 doblones y medio).
Ingeniosamente estructurada en secciones nombradas como los participantes en
una trama organizada ( Instigadores, cómplices, cerebro...) , buenas
ilustraciones de Óscar Sacristán y la calidad técnica –tipografía, tipo de
letra ...- marca de la casa , la antología funciona por su sorprendente
variedad que abarca desde la canalla pulp ( entre otros, Locura
Rubia de Arthur Humboldt, un relato muy años 50 vintage; o una
vuelta de tierca a Jack el Destripador a cargo del siempre eficaz Robert Bloch
y la ingeniosa Caza del Hombre de Donald Wandrei...) pasando por
polvorientos precusores (como El Crimen de los Marr donde el sinpar
Thomas de Quincey brinda una de sus peculiarísimas “crónicas de costumbres” o
la inquietante revelación de El confesionario de los penitentes negros
de Ann Radcliffe, la yaya de todas las góticas que en el mundo han sido y
serán) e incluyendo tantos a los primeros de la clase (El crimen de
Lord Arthur Savile , la inmortal exhibición de ingenio y epigramas del Tito
Oscar; El campanario , un delirio melvilliano; El regreso de
Imray, una perfecta viñeta
hindú del gran y menospreciado Rudyard Kipling y El Delator, extraordinario despliegue de
cinismo sin cuartel -que hasta Enrique Bienzobas apreciaría- sobre los
movimientos anarquistas de principio de siglo) como a los réprobos del cole
(H.G. Wells que aporta La
Huella del Pulgar con un delicioso relato sobre
huellas dactilares; el impagable Mark Twain con el relato veraz y atroz del
mayor robo que vieron los siglos ,el del Elefante Blanco o la resabiada
y sabrosa fábula volteriana de El perro y el caballo).
Y claro, no podían faltar, los detectives y por estas páginas
deambulan desde Auguste Dupin (con la no por conocida menos asombrosa La Carta Robada ,
la piedra donde se edificó la
Iglesia del Policial) al irresistible e irritante Padre Brown
junto a colegas de profesión hoy olvidados: Jules de Grandin (el investigador
de lo sobrenatural de Seabury Quinn) o Reeder (el contundente sabueso de Edgar
Wallace).
Y claro, tampoco falta la presencia del detective a quien se alude
y elude no incluyendo ningún relato del Canon sino recreaciones: la
(excesivamente) pulcra Habitación cerrada de Adrian Conan Doyle; un
relato del gran Raffles, el contrapunto ladrón del detective creado por E.W.
Hornung , cuñado de Conan Doyle (Arthur) -de quien, por cierto, se incluye el
excelente Un horror pastoral- con toda esa mala hostia que solo es capaz
de generar un hermano político o la indescriptible Los asesinatos
incongruentes del Castillo de Rock del indefinible Enrique Jardiel Poncela.
Pues eso, portentosa antología: muy valdemariana, muy
policial, muy variada, muy distinta, muy –de puro clásica– alternativa y –sobre
todo– está colección de palabras sobre crimen y horror es una opción perfecta
para meter en la bolsa de playa como paliativo que para soportar los verdaderos
pavores de la estación: el sol, la playa, las moscas y la familia ... que no
serán góticos o criminales pero, estarán conmigo, en que son un auténtico
horror.
Valdemar, 2009
Compra en Estudio en Escarlata
Valdemar, 2009
Compra en Estudio en Escarlata
Luis de Luis

0 disparos: on "La sombra del asesino. Los mejores relatos de crimen y misterio aparecidos en Valdemar. VV.AA."
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