Holmes & Watson. 1903-1904. Javier Casis


Holmes y Watson presiden un panorama en el que destacan un mar oscuro, un parlamento en sombras y un coche de caballos que surca la negrura

Tanto monta, monta tanto...


Con Un ático en Westcliff, su extraordinaria tercera novela, Javier Casis dio por concluida su trayectoria literaria iniciada en 1997 con el libro de relatos El encuadernador nocturno y prolongada con dos novelas, El cazador encantado (2003) y Cartas muertas y tres libros de relatos, El coleccionista de secretos (1999), En el archivo de un soñador (2002) e Historias del laberinto (2007), un cuerpo narrativo con el que ha ido labrando, eso tan difícil y escaso de conseguir, ese auténtico privilegio de un escritor que es tener un mundo literario propio, pues no hay mayor (ni mejor) prueba del talento. Ese mundo de Casis está habitado por personajes letraheridos que, sonámbulos y en ensoñación, entran y salen de un lugar donde la literatura se convierte en vida y la vida se disuelve en vida, acaso porque ambas sean lo mismo.

todo un festín de homenaje,
 recreación y exaltación

Se equivocó Casis, bienintencionado y voluntarioso midió mal sus fuerzas, y creyó que sería capaz de vivir ajeno a la tinta y al papel, equivocadamente se engañó creyendo que no restaban balas en su revolver y que nada le quedaba por narrar. Afortunadamente.

Apenas un año después de Un ático en Westcliff, Casis emprende una de las propuestas agazapadas en esa novela de novelas: la creación de una novela holmesiana y, encelado e inquieto, aceptó el desafío de desdecirse y retomar la pluma para escribir una historia que fuera, a la vez, watsoniana de personalidad y casisiniana de naturaleza.

 Holmes & Watson. 1903-1904, el escueto título, no puede por menos que encelar a los aficionados: los apellidos de los inmortales personajes que prometen que la novela se centrará en ellos; las fechas destacadas, las que inician el retiro de Holmes de la vida pública auguran que se revelarán nuevos hechos de un periodo tan incierto como oscuro.

Los curiosos impertinentes, no dejarán de detenerse en la espléndida portada de Marta Terrazas en la que un enigmático Holmes rathboniano, enjuto y entornado y un Watson, nigelbruciano, estilizado, alerta y en guardia, presiden un panorama en el que destacan un mar oscuro, un parlamento en sombras y un coche de caballos que surca la negrura... y no verán defraudadas sus expectativas.

El lector que decida sumergirse en el libro encontrará historias del mar (narradas en el estilo inquietante de Hope Hodgson, aquel que llevó a sus últimos extremos la travesía de Arthur Gordon Pym); hallará a un Holmes pletórico, deliberadamente enigmático, capaz de disfrazarse, deducir y seducir , asombrar y deslumbrar; encontrará los orígenes de cartas decisorias y los umbrales de libros valiosos, inaccesibles y soñados; disfrutará con el (delicadísimo) recuento del más inesperado triángulo de amor, se tropezará con saludos a compañeros, miradas a cofrades, recuerdos de otras ficciones, y, sobre todo, paladeará la narración, con pulso maestro, de la relación entre dos iguales: Sherlock Holmes y John H. Watson, pues en ella –en su complicidad, sus silencios, sus tiras, sus aflojas, sus (des)encuentros... – reside la esencia del Canon holmesiano y la médula del mito.

Holmes & Watson. 1903-1904 es, mucho me temo, todo un festín de homenaje, recreación y exaltación de eso que se viene a llamar amor a la literatura que –Deo Gratia- no acaba aquí. Afortunadamente para él, afortunadamente para sus lectores-apuesto doble sobre seguro- que a Javier Casis no se le han acabado las narraciones, ni lo harán nunca. Es su honor, fortuna y (bendita) maldición.

Luis de Luis
Publicar un comentario en la entrada