Drama City. George Pelecanos


El caso es que en esta comunidad de boy scouts y ursulinas van y se cuelan unos malosos delincuentes para tentarles y que se pasen al Lado Oscuro

     


Vaya por delante que yo no soy de esos privilegiados que ven The Wire (que a mí , para conocer las entretelas del mundo en que vivo, me basta con Sálvame de luxe que lo entiendo todo) aunque eso no obsta para que en tertulias, corrillos y mentideros la gente avisada con la que intento mezclarme no me hayan puesto al día de sus virtudes y de cómo la citada serie, con precisión de cirujano, utiliza el escalpelo audiovisual para sajar los quistes y protuberancias de la enferma sociedad del siglo XXI, para poner al descubierto la podredumbre y mezquindad que anidan en sus goznes y refugian en sus cañerías. En fin, que según tengo entendido la serie es una obra maestra de la cosa.

Así, feliz como una perdiz, agarro Drama City de George Pelecanos (uno de los cocineros de tan excelso guiso televisual) para disponerme, ilusionado, a deslumbrarme ante la disección, capa a capa, hasta llegar al infinito y más allá de las miserias de este mundo que me ha tocado.

Y, mira tú por donde, que me encuentro con historia bastante insulsa y cotidiana que tiene lugar en una especie de Arcadia feliz que es la comunidad de los ex-algo (ex-convictos, ex-maridos, ex-votos , ex-cepciones , ex-jonkies, ex-alcohólicos...) en la que cada cual y cada quien, cada quien y cada cual, se redimen de sus culpas y remordimientos a base de grupos de terapia, ayudado y ayudando por y a los demás, y siguiendo una dieta de compartir bondad, cariño, afecto y caridad. Todos y todas, a base de darle duro a la culpa y currarse la redención son, obvio es decirlo, buenísimos y buenísimas. Bueno, todas no, que hay una oveja descarriada que le gusta escoger con quien folla y echarse un trago de vez en cuando y acaba, claro, la muy pécora doblemente castigada: con las tetas tatuadas a cuchillo y –esto si que es cruel– con un novio decente, formal y para toda la vida.

Bueno, a lo que íbamos, el caso es que en esta comunidad de boy scouts y ursulinas van y se cuelan unos malosos delincuentes para tentarles y que se pasen, en el mejor estilo de la familia Skywalker, al Lado Oscuro, a base de consumir drogas, follar con ganas, violar viejas, atracar bancos y, sobre todo, dejar de dar el coñazo salvando almas ajenas.

¡Hasta ahí podía llegar la broma!!! Enterados del asunto, los buenos se cabrean, se remangan, y liderados por un gran estratega (de profesión cuidador de perros ¡en serio!) dan de comulgar hostias como panes y obleas como hogazas a los malosos, les curten y les canean y ellos que, como en el fondo son unas nenazas, salen corriendo y lloriqueando un par de capítulos antes de que estalle y restalle un Gran Final abarrotado de allyouneedislove, imagineallthepeople y givepeaceachance.

Pues eso que “Drama City” es, es, pues,pues,pues ...pues ni fu, pues ni fa; pues así, pues asá; pues güeno, pues malo, pues vale; pues no es de aquí, pues no es allá; pues no tiene edad, pues ni porvenir.

Pues eso, pues nada. Pues nada... de nada.

Ediciones B, 2011

 Luis de Luis
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