La deuda de Dancer. John Lutz


     

No se ustedes pero, en lo que vengo siendo yo, cuando hay pereza, desgana o indolencia en lo que se refiere a comer y, sin embargo, hay que saciar el hambre, no suelo tener dudas para salir del enredo: me aprieto unas patatas guisadas que es plato fiable, valor seguro gastronómico que, a poca mano que tenga el cocinero y sepa ilustrarlas con tino ( pimiento, costilla, bonito, chorizo...), dejan un razonable buen sabor de boca y la panza asfaltada a la espera de manjares más sofisticados o complejos.

Pues por ahí va La deuda de Dancer, una muy profesional novela del estadounidense John Lutz. Novela setentera (de pantalón de pata de elefante, descaros sexuales y cocaína fashion, de sueños de los sesenta hechos cisco) con paisaje urbano los Angelinense habitada por detective chandleriano sin amaneramientos o ñoñería, tía buena atribulada no muy estereotipada, conflictos razonables (la caída en desgracia del citado Dancer por merodear alrededor de las incipientes mafias de la droga) y trama suficientemente enredada sin caer en lo artificial.

La deuda de Dancer huye de sofisticación o florituras, es novela entretenida, satisfactoria y sabrosa tan sólida y nutritiva como, sin ir más lejos, unas patatas guisadas. Talmente. 

Ediciones de Bolsillo, 2001

Luis de Luis
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