El arte místico de limpiar los rastros de la muerte. Charlie Huston


En esta novela, en que lo menos fatigoso es el título, y ya es decir, Huston, para honrar a los fantasmas de Smith y Tarantino, pone a los personajes típicos del primero deambulando en situaciones propias del segundo

Royal with cheese

Me da pereza buscar en Google la edad de Charlie Huston pero, tras la lectura de El arte místico de limpiar los rastros de la muerte barrunto que sería un impresionable pimpollo cuando Quentin Tarantino y Kevin Smith dieron a luz cinéfila, respectivamente Pulp Fiction y Clerks y que, debido a su tierna edad y carecer de filtros y defensas adecuados (como es normal es esa irritante época de la vida que es la adolescencia) el violado atento y devoto de ambas cintas le devastó las neuronas produciéndole unas lesiones cerebrales que, a la vista de la novela, mucho me temo que ya sean irreversibles.

sin conseguir evitar que el libro
 resulte un algo cansino

Así, en esta novela –en que lo menos fatigoso es el título, y ya es decir– Huston, para honrar –o tal vez ahuyentar– a los fantasmas de Smith y Tarantino, pone a los personajes típicos del primero (patéticos fracasados mal follados apalancados en una adolescencia tan friki como perpetua) deambulando en situaciones propias del segundo (las más atroces atrocidades –valga la redundancia– encaradas con impasibilidad, desinterés y una pizca de cinismo).

Huston sirve el plato con argumento (más o menos) bien hilado, razonablemente interesante (más o menos) y bastantes dosis de humor (más o menos) sin conseguir evitar que el libro resulte un algo cansino.

Pues eso, una novela suficiente (más o menos); no, yo aún diría más y disculpen la redundancia: una novela suficientemente suficiente (más o menos).

Mondadori, 2011
Luis de Luis
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