Sherlock Holmes y el caso de la risa secuestrada. Juan Carlos Martín


Sherlock Holmes y el Caso de la Risa Secuestrada es un espectáculo respetuoso, no solo con la inteligencia del publico infantil, sino también con las artes del circo, del vodevil y de la pantomima

Cuatro excelentes actores


Fue apenas hace un año cuando surgió la noticia que ya se iniciaba la gira teatral de Sherlock Holmes y el caso de la risa secuestrada, obra escrita y dirigida por Juan Carlos Martín, artista de largo recorrido y variadas capacidades (le recordarán tal vez por el personaje de Benavides, que representó con eficacia y profesionalidad en los primeros tiempos de las televisiones privadas).

embaucan, hechizan y soliviantan
 al dificilísimo público infantil

Producida por Arteteatro (productora teatral que, después de más de una década en el negocio del teatro infantil sabe –más que de sobra– no sólo lo que se hace sino, también, lo que hay que hacer) la función, después más de 365 días poniéndose a prueba por todo tipo de plazas, lugares y escenarios, llega al Teatro Maravillas de Madrid (C/ Manuela Malasaña 6) donde pasará el tiempo que reste hasta finales de noviembre.

Ya desde el nombre de la función se infiere para el espectador que el riesgo que asume es todo un reto, tan llamativo como atractivo. Quiero decir, estamos en 2011 y la compañía Arteteatro ofrece y propone a un público de seis a diez años (maleados, quizás irremisiblemente, por twitters, messengers, facebooks y demás zarandajas ad hoc), una obra de teatro que no solo ocupa una hora de su valioso tiempo sino que esta encarnada en cuatro excelentes actores que a quienes hay que mirar cara a cara.


Y algo ocurre...


La propuesta, ya digo, no puede por menos que resultar atrayente como, por otra parte, temible para un posible espectador.

Vaya por delante que nada debe temer ese hipotético espectador que, si tiene a bien acercarse al teatro será recibido por una música dulcemente celta mientras se acomoda presenciando un escenario -tan hábilmente dispuesto- con cuatro módulos que reproducen las bambalinas de un circo, se quedará expectante, a la espera de que algo ocurra.

Y algo ocurre. Como una tromba, el Payaso Freddy (Eduardo Viera) irrumpe en el escenario poniendo al público en suerte, haciendo que, sin lugar a dudas, broten las palmadas que darán paso a un carrusel de ocurrencias y aconteceres, ya que la función no deja respirar al espectador, ni, por otra parte, ahoga y ahí está uno de sus grandes méritos.

No tardará el espectador en conocer la trama. En apenas unos minutos será secuestrado el payaso con quien tan efectivamente se ha identificado, y una vendedora de periódicos (el primero de los papeles con los que disfruta la gran Raquel Cubillo) que mantiene un dialogo de sordos (nunca mejor dicho, pues Cubillo utiliza –administrado con contención- este recurso tan, para entendernos, doñarogeliano para conectar con el público) con el mismísimo Doctor Watson, el muy “poco grato” papel “de apoyo o respaldo a los demás personajes” (nótense ambas comillas) interpretado con tanta seguridad como aplomo, con tanta confianza como naturalidad por Narciso Tenorio.

A partir de este momento, en que Narciso Tenorio o Watson (tanto monta, monta tanto) llama al detective con la inmortal invocación “¡Este es un caso para Sherlock Holmes!” desencadena todo un festín de acumulación (que no amontonamiento) de situaciones disparatadas y felices (pues hay mucho en esta obra de screwball comedy, no en vano su director es cinéfilo de pro y ha asimilado, con ganas y gusto, a lo maestros de la pantalla) para el público que asistirá, jocoso, a desencuentros entre una cría cheli (otra exhibición de Raquel Cubillo) y Watson y Holmes (impecablemente interpretado por Guillermo Dorda, quien sabe encontrar -en un dificilísimo papel– el punto exacto entre el hieratismo asociado al personaje y la cercanía imprescindible en una función para infantes); a (hábilmente resueltos por los intérpretes) peloteos verbales entre los actores y la audiencia; a “caras a caras” entre Raquel Cubillo (reconvertida, a la sazón, en la bruja Risamía que comparte , para entendernos, maneras y decires de malvada Disney -Raquel sabe hacer propia la extravagancia e histrionismo risibles de, pongamos, Cruella de Ville- ) y su secuaz Chitón , interpretado con habilidad y sapiencia por, de nuevo, el gran Eduardo Viera, que sabe hacer de la contención un mucho y de la sobriedad un más.

Como un engranaje perfectamente engrasado, el año de gira ha hecho maravillas en los actores que embaucan, hechizan y soliviantan (en el mejor sentido de la palabra) al dificilísimo público infantil. Y lo consiguen.

¡Y vaya! ¡Y cómo!

Sherlock Holmes y el Caso de la Risa Secuestrada es un espectáculo respetuoso, no solo con la inteligencia del publico infantil, sino también con las artes del circo, del vodevil y de la pantomima que son, en definitiva, su herencia. Escrito y dirigido con certeza, producido con acierto e interpretado con por una hidra de cuatro cabezas acribillada de complicidad y cariño mutuo.

Es, mucho me temo, función digna de ser vista y admirada por aquellos padre y madres que tengan la fortuna de que sus hijos/as de 6 a 10 años les permitan acompañarles al teatro.

Eso que saldrán ganando.

Luis de Luis

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