Impresiones de un lector de a pie (I). De la casa Aranda, A timba abierta y el Minotauro


El misterio de la casa Aranda. Jerónimo Tristante

Un raterillo ilustrado
En el Madrid de finales del siglo XIX malvive un muchacho conocido como “El extremeño”. Habitan un cuchitril en el barrio de la Latina. Huérfano de padre, subsisten gracias a los trabajos de todo tipo que se ve obligada a desempeñar la señora Ignacia, su madre.

Con la idea de incrementar los magros ingresos que consigue su madre, Víctor se adentra poco a poco en el mundo de la delincuencia, donde destaca por su audacia y sus buenas maneras. Todo ello sin perder su afición a la lectura.

Un buen día, este “raterillo ilustrado” es sorprendido por la policía con las manos en la masa. Es trasladado a los calabozos de la puerta del Sol, donde llama la atención del sargento Ramírez, apodado“El Molinillo” por la facilidad que tiene para soltar guantazos y conseguir que los chorizos confiesen. El sargento se apiada del muchacho y consigue colocar al muchacho en la policía como recadero.

Mientras Madrid sufre las profundas transformaciones que conlleva el fin de siglo, Víctor va evolucionando también en su carrera profesional hasta convertirse, al desactivar una célula revolucionaria en Asturias, en uno de los más prestigiosos miembros del nuevo cuerpo de policía que se está gestando.

Establecido en Madrid, recibe el encargo de resolver el misterioso caso de la casa de Aranda, cuyas inquilinas matan o intentan matar a sus maridos después de leer determinados párrafos de La divina comedia. Por si fuera poco, acomete por su cuenta la investigación de los asesinatos de varias prostitutas.

El autor, con una prosa fácil y fluida, con una acertada descripción de los personajes y del ambiente de Madrid decimonónico nos irá relatando la forma en que el joven Víctor lleva la investigación. ¿Será capaz el joven Víctor de resolver los dos difíciles casos?

A timba abierta. Oscar Urra

Breve pero intensa
A timba abierta es una novela breve pero intensa. Plena de acción. Cruda. Realista. Muy bien hilvanada. Por momentos te parece estar viviendo las andanzas del detective Julio Cabria por ese Madrid céntrico, multirracial pero sobre todo vivo y palpitante.

Julio Cabria no es la mejor persona del mundo. Es ludópata, fumador compulsivo y bebe en exceso. Tampoco es el mejor marido del mundo, como podría confirmar su ex-mujer, a la que ni siquiera coge el teléfono. Como padre, decir que tiene una hija cuya edad exacta desconoce, dado el tiempo que hace que no habla con ella.

Ante este panorama, no es de extrañar que la novela empiece con un intento de suicidio que, como casi todo en la vida de nuestro detective, acaba en un rotundo fracaso.

Pero en lo que sí es bueno Julio es en su oficio. Como detective no tiene parangón. En su barrio, Tirso de Molina, la gente lo sabe. De ahí que cuando uno de los mafiosos del barrio necesita de alguien que le ayude a localizar a una mujer que puede reportarle pingües beneficios, acabe encargándole el trabajo a nuestro protagonista.

Para acabar, decir que al finalizar la novela te quedas con ganas de más. La novela engancha y mucho.



La versión del minotauro. Francis P. Fernández

En la España democrática...
En el enredo que nos propone el autor están implicados políticos (un ex-presidente de gobierno y una vicepresidenta), militares (un general íntegro y honrado a carta cabal y varios guardias civiles cuando menos de dudosa moralidad) y un mercenario (probablemente esquizofrénico).

La acción transcurre en la España democrática, en la que empiezan a aparecer asesinados una serie de militares de los servicios de inteligencia, cuyo nexo de unión es su participación, en mayor o menor escala, en la reciente guerra contra un país del oriente próximo (¿Siria?) en la que ha participado, del lado de los vencedores, el ejército español.

La trama se desarrolla a un ritmo trepidante y poco a poco se va enmarañando hasta convertirse en un laberinto en el que hasta el Minotauro se ha extraviado y en el que puede haber perdido hasta la razón.

La lectura de la novela se hace fácil y cuando llegas al final te dices ¿ya?. En mi caso, esto es un síntoma de que me ha gustado y de que espero que degustaría con gusto una nueva entrega.


Javier Aramburu Gómez 

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