Entrevista con Maruja Torres


En el panorama de la novela negra española ha irrumpido, como si fuera un francotirador, de los que tanto conoce, Maruja Torres, articulista, reportera, escritora, y periodista, con todo lo que eso significa, con una novela titulada Fácil de matar, que deja de cualquier manera, menos indiferente, y de la que nos contó en esta charla, cargada de inteligencia, gracia, mala leche y un punto de melancolía, cuales han sido sus vicisitudes, y de paso en primicia nos adelantó sus proyectos de futuro. Lo único que puedo decirles, es que disfruten de esta entrevista, tanto como lo hizo aquél que tuvo la fortuna de realizarla...

Los conflictos, desde el punto
de vista de abajo


"El periodismo es como un hueso de aceituna que te dan cada mañana, y la novela es como una cebolla que hay que deshojar hasta encontrar el hueso del asunto"


Texto: José María Sánchez Pardo
Fotografía: Juan Salvador López


¿Qué te pone de tu novela?

Quien me pone es Diana, aunque Diana soy yo... con catorce años menos, lo que da muchas posibilidades, sobre todo para echar algún polvo que otro...

y luego tiene ya una edad, en la que ha vivido lo mismo que yo, tiene mala leche, y poca paciencia con las cosas que no le gustan. Y tiene muchísima intolerancia ante el mal.

Y muchísima compasión ante las víctimas colaterales. Por eso me gusta ese personaje.

Porque en cierta parte representa el periodismo de reportera que soy yo, que he intentado contar las cosas y los conflictos desde el punto de vista de abajo.


¿En las novelas se dice la verdad y en los periódicos lo que se puede?

Y en ocasiones incluso se dicen mentiras. El que puede dice lo que puede, hay gente que le gusta malmeter, pero creo que las novelas son todo lo contrario del periodismo. El periodismo es como un hueso de aceituna que te dan cada mañana, y la novela es como una cebolla que hay que deshojar hasta encontrar el hueso del asunto.

Detesto ese tipo de feminismo agresivo


¿Cómo se te ocurrió el personaje de Cora, tan racial ella…?

Cora se basa mucho en un personaje que conocí, que sin embargo es una Mari, no es una vampiresa, ni mucho menos, es una pobre chica española que se ha casado enamorada, con un libanés ... que le va a poner unos cuernos... Pero ella sí me ofendió una vez, poniéndome el felpudo a la altura del estómago, porque es alta y guapa, pero no tanto como mi Cora, eso fue un momento felpudo... Así que pensé: cuando necesite una mujer fatal, va a ser ésta. Y lo es. Y además detesto ese tipo de feminismo agresivo.  


¿Cuánto tiene tu libro de historia de amor y desamor?

Mucho, es la historia de la última hormona de amor de Maruja Torres, mezclada con la penúltima de Diana Dial. Es mi historia de desamor con el Líbano, sobre todo con Beirut, el Líbano me interesa menos.

Toda la parte buena de Beirut, ya la he contado en otros libros, la tengo en mi corazón, nunca la olvidaré, me ha dado cosas grandes... Pero había una parte mala, que yo necesitaba contar. Y es esa parte frívola, de señoritismo maronita, de cristianos que son casi prelefevbrerianos, ¡ellos les ponen pelo natural a sus santos!-, una cosa bastante chunga y pintoresca. Son la única gente del mundo que te preguntan cada día qué tal le va a a Mireille Mathieu, o a la Silvie Vartan... y al mismo tiempo los más modernos, los más cosmopolitas ...siete restaurantes japoneses en la misma calle... ¡cuando se ponen, se ponen! Pero me gustaba sacar lo que he ido acumulando durante estos cuatro años en que he vivido allí. Me gusta mucho que a dos personas, una es Mónica G. Prieto, de El Mundo, le haya gustado y no le haya parecido que he sido injusta, y el otro es Adrián Rodríguez Junco, que fue jefe de Cultura del Instituto Cervantes en Beirut, y me ha dicho que es el Beirut que siempre vio... Y son dos personas a las que tengo en alta estima. Creo que no he traicionado al Líbano, sino que he mostrado una faceta de la que nunca se habla, porque siempre estamos con la Suiza de Oriente, o con el Montecarlo de Oriente, que a mí me parece casi un insulto… ¡imagínate a todos los Grimaldi armados con Kalasnikov!

Más interesantes que los buenos...


¿Te interesan mucho los canallas?

Me interesan mucho, porque creo que no hay ni un sólo serial mejicano que no tenga una mala o un malo, mucho más interesante que los buenos. Y por eso me gusta que Diana Dial no sea una buena pánfila. A mí, que me gustan las novelas de Donna Leon, y veo a su protagonista, Brunetti, que llega a su casa por las noches y con su familia y a comer... ¡a mí lo que me gustaría es que rompiera algo!


Dónde es tan fácil matar, ¿se siente uno vivo?

Lo más honesto sería decir, que donde es tan fácil morir, se siente uno vivo. Ten en cuenta que esa frase es de un malvado. La frase normal de una persona normal, con cierta tendencia a las situaciones extremas, -que sería mi caso-, sería la de: donde es tan fácil morir, se siente uno vivo.


Los embajadores ¿son tan terribles?

He juntado a unos cuantos, el personaje tiene de varios, pero además tiene de otro, que no es embajador, pero que tiene una gran pasión por Diana, que es un personaje real al que quiero mucho.

La novela negra te obliga a ser corta y cortante


¿Esta es una novela de Diana Dial o de Maruja Torres?

Ésta es una novela muy de Maruja Torres. Cuando Diana Dial hace descripciones, por ejemplo la de Yumana, la matriarca, llena de colágeno, que la recibe, yo he descrito a gente así, con ese estilo, en las novelas de agosto que escribía para El País hace años, cuando me iba al pantalán de Mallorca, y llegaban los Reyes con los yates y toda la parentela. La novela negra, te permite, te obliga a ser corta y cortante. No te puedes perder con lirismos. Hay algún momento, cuando describo cómo Diana sale de esa casa donde tienen encerrada a la viuda, y se mete en el tráfico de Beirut, hay una descripción larga, de casi una página, llena de cosas, de ruido, de vida...


¿Cómo es la parálisis ante la suegra de Cora?

Sí, es terrible. Los hombres no os dais cuenta, de que la madre tiene más poder sobre vosotros que sobre nosotras, las mujeres nos rebelamos contra nuestra madre, y los hombres contra vuestro padre. Y entonces, por el camino ¡os casáis con una mujer que os recuerda a vuestra madre!, ... ¡yo jamás me casaría con un hombre que me recordara a mi madre! y eso que cuando me miro al espejo veo cada vez más a mi madre... las madres tienen un punto sado...


¿Qué te calienta la sangre ahora?

Mi próxima novela. He dejado de momento a Diana, en Luxor con una amiga, porque he salido cagando hostias del Líbano, y me calienta la idea de mezclar una situación dos años antes de la caída de Mubarak pero que explica perfectamente por qué Mubarak tiene que caer. La corrupción del régimen más un crucero por el Nilo, en el mismo barco que Agatha Christie, con todos los posibles asesinos de un señor dentro. Más un guiño a Terenci Moix, por Alejandro, el Magno, que saldrá por allí. ¡Me está saliendo de un cachondo! y además saco a dos personajes, que creo han tenido gran éxito en la primera novela, el inspector Fattush, y su sirvienta Joy. La auténtica la tengo en Manila, que no se como le va, pero en la ficción la quiero arreglar


El que sea un país sin límites morales, ¿es lo qué más atrae del Líbano?

Para mí lo que tenía mayor atractivo, son las cosas que ha ido perdiendo, precisamente por tener demasiadas pocas trabas morales. Es decir, había una clase media baja, que fue brutalmente empobrecida durante y después de la guerra...

Hay un amor al dólar tremendo. Creo que Beirut es la ciudad más capitalista del mundo después de Nueva York, tanto tienes, tanto vales. Es muy fenicia... si tú vas a una tienda y les pides un elefante verde con alas de pavo real, y que vaya con ruedas, no te dicen no, hacen un gesto con los ojos, y piensan que es lo que te pueden vender en su lugar...

eso viene bien, porque tienen soluciones para todo... eso sí, a cambio de dinero. Si tú te quedas sin dinero, o sin salud, son muy poco... enseguida están dispuestos a enterrarte.

No son supervivientes, pese a vivir entre Siria e Israel, pero no son África, ahí no se han pasado las calamidades de África. Hay una cierta atracción por el mal, que ellos mismos llevan, y se han cargado a la gente que luchaba contra eso, o se han ido, o se han muerto de viejos... los intelectuales, los maestros, que no se pueden permitir ir todas las noches a cenar al restaurante de moda y luego a la boite de moda. La gente que te encontrabas en los cafés viejos, jugando al backgammon, -el café que sale en el libro, a los tres meses de volver a Barcelona, me dicen que hay peligro de que desaparezca, porque el dueño piensa que los alquileres no le salen a cuenta. Se están desnaturalizando. Y es muy triste pensar que eso sólo lo puede arreglar un bombardeo.


¿Cuántos ajustes de cuentas hay en tu novela?

Hay uno muy gordo, muy gordo, muy gordo... y luego dos o tres simpáticos, y otro bastante gordo con esa gente, con esos dominantes, con esos que no saben el nombre de su criada, les ponen el mismo nombre a todas las criadas, con esa gente que las trata tan mal, que las encierra, contra ese Líbano de mujeres operadas y ociosas. Ahí sí hay un ajuste de cuentas que tenía que haberlo. Lo de la embajada, más que otra cosa es un cachondeo tuve que aguantar tantos 12 de Octubre allí, el santo varón ése del opus, no el de ahora, sino uno que había antes, que era un santo varón, te llenaba la fiesta del 12 de Octubre de monjas y curas. Y lo que termina pasando es que aparece lo ridículo, que es lo que más te gusta, que te lo has callado, porque estás bien educada. Y a partir de ahora, ¡qué salga el sol por Antequera!, porque ahora ¡voy a ser mala, negra y criminal!


Escribir un libro, ¿sirve para conjurar fantasmas?

No. Pero te deja muy bien. No, pero es mejor que no escribirlo. Y cuando escribí el momento decisivo en que Diana hace lo que hace, ¡me quedé de bien!, dormí como un lirón.


Diana investiga, no por la muerte del rico, sino por la de las pobres. La situación del servicio doméstico en Beirut, ¿es tan terrible como lo describes?

Es sangrante. Precisamente Mónica G. Prieto de Elmundo.com, de cuartopoder.com y de periodismohumano.com ha hecho reportajes a punta pala, sobre esta situación. Lo que pasa es que a los diarios impresos, no les interesan las criadas muertas. Yo, gracias a ella, descubrí que había 18 africanas en la morgue, que no eran reclamadas por nadie. Porque como claro, llegan trabajadoras a través de agencias, de Sri Lanka, África, países musulmanes y cristianos, para que sean surtidas las distintas comunidades, sin que su tremenda fe sufra desdoro. Entonces se quedan el pasaporte, lo cual garantiza que no puedan marcharse, y entonces el gobierno libanés les exige el aval de una persona libanesa, que le cobra al susodicho mil dólares como mínimo al año. Además, están solas, porque aunque tengan sus ghettos, les obligan a hacer horarios interminables, me contó mi criada filipina que cuando llegó, trabajaba en un restaurante, hacía jornadas interminables, comía de las sobras, dormía debajo del fogón, y el dueño la violaba regularmente. Eso es de lo más normal. Una filipina, una srilankesa, que son menuditas, a un taxista de Beirut, lo vuelven loco... ellas se pasan instrucciones de no meterse nunca solas en un taxi, porque pueden salir muy perjudicadas. Y encima de eso, los señores se marchan de fin de semana, y las dejan encerradas el fin de semana y las he visto durante los conflictos de guerra que ha habido, vagar por las calles como perros vagabundos, ellos se han ido y las han dejado ahí…
Entonces, me pareció un buen tema, que el atentado inicial aparentemente el mcguffin, que diría Hitchcock, sea el tío que va al volante, pero en realidad, lo que hace mover el libro son esas dos pobrecitas que estaban hablando en la verja. Diana investiga, no sólo por las pobres, sino por las víctimas.


Sin desvelar nada, tienes un final sonoro y tremendo

Sí, y sin ningún escrúpulo. Cuando leo esas novelas en que el protagonista se va deprimido a casa, porque no ha conseguido arreglar nada… ¡vamos a tomarnos ciertos regocijos con las novelas! No estoy por Crimen y castigo, yo a Raskolnikov lo he indultado tantas veces en mi corazón…


¿Habrá más casos de Diana?

Por supuesto. El primer capítulo será cuando ella -y tú serás testigo cuando me plagien-, recupera a Joy, porque ha conseguido un visado gracias a su amiga, que es amiga de Mubarak, con lo cual metemos a Mubarak enseguida, y se la lleva a un crucero donde tiene que resolver un asesinato.

El segundo capítulo, que es dos meses antes, es cuando ella ha llegado, le dice: por cierto, Roxanne, sentí muchísimo la muerte de tu hermano, sabía que estaba mal del corazón,... ¿pero tanto? y le dice la otra, pues díselo tú que está en el sótano.

… ¡Y no pienso seguir! ...


Esta entrevista se llevó a cabo en Gijón, en el recinto de la Semana Negra, el jueves 28 de Julio de 2011. 
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