Palabras de ayer para discursos de hoy (a propósito de Cowboys & Aliens)


El modelo nuclear de Cowboys & Aliens no es otro que el western clásico, apostando en todo momento por la pura y dura mímesis. El film habla, a su manera, acerca de la pervivencia de un género

Extraño artefacto fílmico...


La aún breve carrera cinematográfica de Jon Favreau, eficaz artífice del mainstream contemporáneo, se remonta apenas a una década atrás. En sus mejores momentos, se ha mostrado plenamente capacitado para construir sólidos e inteligentes espectáculos cuya magia y vitalidad viene dada por una concepción libérrima del producto diseñado para el entretenimiento; pienso, muy concretamente, en Zathura, una aventura espacial (Zathura, 2005) o en Iron Man (ídem, 2008). Sin embargo, no faltan en su filmografía películas perezosas, en las que el director ha confiado en que la confluencia de la brillantez técnica y la supuesta sapiencia de los productores a la hora de conocer los gustos del público fuesen suficientes para engrasar la maquinaria cinematográfica. Craso error.

el argumento podría fácilmente
 pertenecer a una epopeya fordiana

Tras sopesar distintos nombres, Favreau será finalmente el encargado de trasladar a la gran pantalla esta adaptación de la novela gráfica escrita por Andrew Foley y Fred Van Lente y dibujada por Luciano Lima traducida al español recientemente con razón del estreno de la película, tomando las riendas de un proyecto cuyas altas expectativas han concluido en una gélida recepción crítica y en el estupor generalizado del público ante una obra que ofrece algo muy distinto a lo esperado. El arranque de Cowboys & Aliens presenta enérgicamente a Jake Lonergan (Daniel Craig), héroe amnésico, magullado y con un enigmático brazalete metálico en su brazo derecho; la ágil rudeza de sus movimientos insinúa que su cuerpo está habituado al ritual de la violencia. En su búsqueda de respuestas llegará a Absolución, pueblo dominado por la opresión de un poderoso ganadero, Woodrow Dolarhyde (Harrison Ford). La pútrida jerarquía de poderes se tambaleará cuando una raza alienígena ataque a la población, abduciendo a buena parte de sus habitantes. De ésta forma, los hombres, mujeres y niños restantes deberán organizarse para iniciar la búsqueda de los desaparecidos antes de que sea demasiado tarde. Un argumento que, de no mediar el componente alienígena, podría fácilmente pertenecer a una epopeya fordiana, donde la idea de viaje se relaciona estrechamente a la de tránsito interior, y el hallazgo material de lo perdido se traduce en una reestructuración moral del individuo y en el advenimiento de un nuevo estatus para la comunidad a la que este pertenece.

Contra todo pronóstico, el resultado se halla bien distante de un ejercicio de mestizaje genérico o del festín multirreferencial y autoconsciente propio de los filmes de Robert Rodríguez y Quentin Tarantino. El modelo nuclear de Cowboys & Aliens no es otro que el western clásico, apostando en todo momento por la pura y dura mímesis. Una aproximación superficial podría llevarnos a pensar que la desidia ha embargado el espíritu de Favreau, y que este se limita a seguir a pies juntillas una receta; sin embargo, Cowboys & Aliens habla, a su manera, acerca de la pervivencia de un género y de sus arquetipos más arraigados como herramientas precisas a la hora de urdir un discurso plenamente contemporáneo sustituyan antipáticos alienígenas expoliadores por banqueros y ya tienen una lectura sobre nuestra actual recesión económica. Si Joel y Ethal Coen recorrían en Valor de ley (True Grit, 2011) las ruinas espectrales del clasicismo, a medio camino entre la sorna y la nostalgia, Favreau apuesta por la revitalización anacrónica más desinhibida y desvergonzada. En un filme brillantemente puesto en imágenes y notablemente interpretado, el cineasta apenas necesita de un desconcertante twist argumental a la mitad del metraje para infundir vigor a este extraño artefacto fílmico, menos ingenuo de lo que la miopía crítica ha venido sugiriendo.

Ignacio Pablo Rico
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