...de la violencia
irracional de Frank Miller a la virilidad desmesurada de un Spillane, sin
eludir películas influyentes como Taxi
Driver o Atrapado por su pasado...
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| La mano de un autor sólido y maduro |
Claudio
Cerdán sabe disparar. Eso es algo evidente para cualquiera que haya leído El país de los ciegos. Dispara a
bocajarro, la pistola –la maquinaria que hace funcionar su novela– bien
engrasada, el pulso firme como el de un cirujano.
Alicante es una puta, pero hoy está preciosa
Estamos
ante una novela perfectamente construida, un pasapáginas con un sentido del
ritmo que delata tanta intuición como oficio, que avanza con una prosa correcta
y funcional, ajustada en su parquedad de medios a una historia que avanza cuesta
abajo y sin frenos.
Su
tremendismo y su culto a la violencia podrían arrinconar a la novela al rincón
de las obras malditas, pero Cerdán compensa su mala baba con una historia
convencional: la de un macarra de buen corazón, el Tuerto, y sus intentos por
llevar una vida “normal” fuera de la cárcel. El clasicismo de este thriller llevará al autor a introducir,
incluso, una historia de “chico conoce chica”. Las referencias y homenajes más
o menos soterrados se suceden: de la violencia irracional de Frank Miller a la
virilidad desmesurada de un Spillane, sin eludir películas influyentes como Taxi Driver o Atrapado por su pasado.
En
definitiva, El país de los ciegos es
una novela menos transgresora de lo que pudiera parecer a primera vista, pero
que denota la mano de un autor sólido y maduro.
Ilarión,
2011
Compra
en Estudio en Escarlata
David G. Panadero

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