Agatha Mistery. Sir Steve Stevenson


Recuperar una tablilla robada en la tumba de un faraón egipcio o encontrar una perla propiedad de la mismísima diosa Kali

   


La pasada primavera, la editorial La Galera desembarcó en los estantes de las librerías, los dos primeros tomos de la colección Agatha Mistery: El enigma del Faraón y La perla de Bengala, dirigidos al público infantil/ juvenil.


y allá que se van la niña, el primo,
 el mayordomo y el gato

Destaca el excelente, cuidado y muy pensado diseño de la portada: alegre color amarillo de fondo de portada en la que se sobreimpresiona un atractivo logo con la cara de la niña protagonista, aderezada con atuendo holmesiano y una gran lupa, que subraya un momento clave de la acción (una visita a las pirámides, la exploración de una tumba) hasta el nombre del escritor: Sir Steve Stevenson (seudónimo de el escritor Mario Pasqualotto) pasando por las excelentes, amable, cómicas, y desgarbadas (estilo característico del fumetti italiano) ilustraciones de Stefano Turconi; se intuye que nadie quiere dejar que en este proyecto se quede sin dar puntada sin hilo, ni siquiera en cuanto al argumento (punto flaco de los libros bien diseñados).

Así, Agatha Mistery es una cría doceañera, brillante y pizpireta, aspirante a novelista negra, que vive en una mansión (Mystery House) junto a su gato (Watson), su primo Larry (un adolescente empanado que estudia en el Baker Palace) y Mr Kent, un mayordomo ex boxeador con recurso para llevar a los críos, como el Capitán Tan, a lo largo y ancho de este mundo, y sacarles de apuros tirando de un inacabable surtido de recursos propio de un sirviente inglés. Dado que los padres de la citada Agatha tienen a bien hacer dejación de funciones (son diplomáticos y pasan millas de su retoño) sus titos (Melania, una cacatúa excéntrica y Anthony, un hooligan rotundo) se deben encargar de distraer a las criaturas y, en lugar llevarles a un Mc Donald ´s o disecarles frente a una pantalla con la Play, les proponen actividades de lo más educativo y adecuadas a su edad y condición, como recuperar una tablilla robada en la tumba de un faraón egipcio o encontrar una perla propiedad de la mismísima diosa Kali.

Y allá que se van la niña, el primo, el mayordomo y gato para desfacer entuertos durante poco más de 100 páginas profusamente ilustradas y escritas con amenidad, humor y una (saludable) distancia y contenida retranca, para evitar tomarse todo el asunto muy en serio, que tampoco es eso.

La Galera, 2011

Luis de Luis
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