Acceso no autorizado. Belén Gopegui


Gopegui utiliza con habilidad, pulso y pericia, el “molde” thriller para embaucar, en el mejor sentido de la palabra, al lector en un periplo por los avatares de las decisiones políticas

Caminos siniestros

“Y seguimos errando en esas nieblas” es la reveladora frase con la que Belén Gopegui pone un incierto punto final a su última novela, Acceso no autorizado, en la que enhebra una (en el sentido en que “El Maestro y Margarita” lo es) fábula para narra la (gradualmente asumida y, en cierto sentido, provocada) caída en desgracia de la vicepresidenta de un (¿imaginario? ¿imaginado?, sea el lector quien decida) gobierno de España, a causa de rebelase no ya frente a la renuncia de los ideales, si no de las razones, que le llevaron al poder.

novela valiente y descarada,
 actual y presente

Reseñas de aquí, recensiones de acá, han descartado y ninguneado la novela, con hipocresía empapada de condescendencia y conmiseración, como un texto coyuntural, banal y circunstancial, obviando la valentía de la escritora por enfrentarse con inusitado descaro y excepcional sinceridad a la dejación de funciones de los actuales regidores de la Piel de Toro, y, no ya al pisoteo de expectativas de sus votantes, sino a la teatralizada y gradual fumigación de las mismas.

Para ello, Gopegui utiliza con habilidad, pulso y pericia, el “molde” thriller (en el sentido Le Carreiano, no Kenfolletesco, de la palabra) para embaucar (también en el mejor sentido de la palabra) al lector en un periplo por los avatares (a veces siniestros, los más mediocres, otras… ni eso) de la cocción de las decisiones políticas, a través de los sentimientos, emociones y contradicciones de personajes de diversas capas sociales cuyos anhelos, miserias e ilusiones, acaban por confluir en el (por ahora) soberano espacio de la Red.

Novela valiente y descarada, actual y presente (que no coyuntural… ¡ojalá!)  que rehuye la retórica , las medias tintas y los eufemismos para narrar, con firmeza y osadía, la demolición de ese parque temático , al que –con imperturbable cinismo- se sigue llamando “Estado de Bienestar ” por sus destructores y usuarios y, por donde –usted, yo, ese y aquel– erramos , mal que nos pese, como borregos, en (ti)nieblas.

Mondadori, 2011
Luis de Luis
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