La otra cara de la verdad. Donna Leon


...se aborda el tráfico ilegal de residuos industriales generados por la sociedad de consumo y cuyos productos más peligrosos serían los pesticidas, los residuos hospitalarios, los medicamentos caducados y, sobre todo, los nucleares...

    
La presente novela de la escritora norteamericana Donna Leon publicada en 2009 constituye la número dieciocho de su saga de novelas policíacas protagonizadas por el inspector Guido Brunetti. Posteriormente ha publicado otros dos títulos, Cuestión de fe en el 2010 y Testamento mortal en el 2011, continuando de esta manera con el ritmo de una novela por año desde que se inició la saga en 1992, habiendo sido publicadas todas ellas en español por Seix Barral. Curiosamente ninguna de ellas ha sido editada en italiano por expresa petición de Leon, que quiere mantener de esa forma el anonimato y que no cambie la relación que tiene con sus vecinos y la gente del barrio.

hombres grises que buscan maximizar sus beneficios

Igual que sucedía en las anteriores, la acción de La otra cara de la verdad transcurre en Venecia en la actualidad, donde la autora reside desde 1981 y que es la ciudad con el menor índice de criminalidad de Italia, lo que aumenta el mérito de una escritora policiaca tan prolífica. El tema elegido para esta nueva entrega es la ecomafia, o cómo las mafias tradicionales han ampliado sus negocios en las últimas décadas a los delitos ambientales cuando ha surgido una legislación más restrictiva sobre el tema. En concreto se aborda el tráfico ilegal de residuos industriales generados por la sociedad de consumo y cuyos productos más peligrosos serían los pesticidas, los residuos hospitalarios, los medicamentos caducados y, sobre todo, los nucleares. En la novela se cuenta cómo estas materias son transportadas en camiones hasta incineradoras o vertederos ilegales del norte de Italia, o se llevan a países del Tercer Mundo como Somalia o China, o son arrojados al mar.

Respecto a la trascendencia de este fenómeno, hay que recordar que la Mafia afincada en Norteamérica se convirtió en el emporio económico y criminal que conocemos cuando la Ley Seca le proporcionó un producto, el alcohol, que le permitía obtener mayores beneficios que otras actividades lucrativas a las que se dedicaba pero que estaban menos extendidas socialmente como el juego o la prostitución, como ha demostrado Enzensberger en su libro La balada de Al Capone. Mafia y capitalismo. En ese sentido, la ampliación de las actividades de la Mafia a la gestión de residuos, si se me permite utilizar irónicamente este eufemismo, supone un aumento de su poder y la extensión de sus tentáculos criminales, convirtiéndose en una empresa aún más transnacional con este crimen globalizado. A ese respecto Donna Leon recuerda que las Mafias constituyen la tercera empresa de Italia en cuanto a su volumen de ingresos ya que obtienen noventa y tres mil millones de euros de beneficios anuales y se encuentran peligrosamente infiltradas en la política y la administración.

Además en esta obra se apunta el problema de fondo que genera esta situación que es el consumismo desaforado de la sociedad actual. En ella parece obligatorio estar comprando continuamente para conseguir poseer la última novedad del mercado. Éste, a través de la publicidad y el marketing, ha conseguido hacer creer que las novedades se encuentran obsoletas y desfasadas enseguida y que es necesario adquirir el siguiente modelo que, igualmente, quedará anticuado en breve. Y, para los que no se dejan atrapar por este discurso, la propia industria ha desarrollado el sistema de la obsolescencia programada por el cual los productos se fabrican con un ciclo de vida más corto del que permitiría la tecnología disponible, de manera que sea necesario volver a comprar antes para renovarlos. Y una de las consecuencias de la aparición de este “homo consumericus”, por utilizar la expresión creada por Lipovetsky, que vive por y para consumir es la generación de unos volúmenes ingentes de basuras que amenazan con lastrar al propio sistema de producción. Es en este punto donde los clanes mafiosos se ofrecen a las empresas para eliminar de manera barata los residuos, aumentando así su competitividad a costa de envenenar los territorios del norte de Italia y de algunos países tercermundistas.

Sin embargo, el tema de las ecomafias queda algo diluido en este libro en medio de la narración de la vida cotidiana del inspector Brunetti y sus allegados. Así, por ejemplo, en el libro se reflejan las relaciones del protagonista con los magnates a través de padre millonario de su esposa. También se muestra en otro hilo argumental la competencia y lucha de poder entre los diversos cuerpos de seguridad, en concreto, entre la comisaría y los carabinieri, que son los que tienen asignados la persecución de los delitos ambientales en Italia. Precisamente el asesinato de uno de ellos aumenta la tensión dramática del relato.

Quizás lo más destacable del libro es el golpe de efecto que se produce en su último tercio cuando, al ir a detener al culpable del tráfico ilegal y del asesinato del agente de la ley, aparece en primer plano otra historia. Se trata de la venganza contra un dentista que ha cometido una grave negligencia y que desembocara en un turbio chantaje sexual, del que no voy a dar más detalles para no desvelar el argumento.

De esta forma uno de los más interesantes aciertos la presente novela es su habilidad para reflejar las dos caras de la Mafia. Por una parte aparece su versión más moderna de empresa multinacional gestionada por hombres grises y sin proyección pública con el único objetivo de maximizar sus beneficios y, por otro lado, también se muestra su lado más tradicional que hunde sus raíces en la Edad Media con sus lazos personales de vasallaje, sus favores delictivos y sus vendettas.

Booket, 2010

Luis Gállego
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