La moda de la novela negra


...pero tal vez sea no estemos ante un nuevo perfil de los lectores españoles. La principal razón de que la novela negra escandinava esté de moda es que nunca lo había estado y ya le tocaba

Ya tocaba, Stieg!

Basta con acercarse a cualquier librería para comprobar que el apartado de novela negra, policiaca, criminal o como se la quiera llamar, que se habría limitado a un par de niveles de la estantería o menos hace más bien pocos años, ahora ocupa la estantería completa y buena parte de la selección de novedades más destacadas. El que un autor tenga un nombre escandinavo, cuanto más impronunciable mejor, y haga una crónica novelada de sucesos en un pequeño pueblo de su país ha pasado de ser un hándicap a garantía de buenas ventas. El boom sin precedentes, al menos en los últimos y no tan últimos tiempos, de las historias policíacas podría significar que el gusto de los lectores españoles se va acercando paulatinamente más al de los europeos del norte. En el mundo anglosajón, germánico y escandinavo son tradicionales desde los tiempos de Agatha Christie las damas del crimen en la literatura, autoras de éxito seguidas por un público numeroso, mayoritariamente femenino y de mediana edad o edad avanzada; sin embargo este subgénero hasta ahora no había calado tanto en España, donde nuestras madres o tías se habían inclinado más bien por autores hispanoamericanos o por relatos menos sangrientos.

Pero tal vez sea muy lanzado aventurar que estemos ante un nuevo perfil sociológico de los lectores españoles; es probable que se trate solamente de la última tendencia de un mercado que necesita continuamente nuevos campos que trillar. La principal razón de que la novela negra escandinava, y como efecto colateral la novela negra en general, esté de moda es que nunca lo había estado y ya le tocaba. Es un error el tópico del gran público como una masa rígida e inmovilista que demanda lo mismo todos los años; es justo lo contrario, algo triunfa de forma masiva porque todo el mundo quiere ser diferente a los demás y hacer lo que nadie hace, con la lógica consecuencia de que acaban haciendo todos lo mismo. La moda en su marea arrastra a autores de novela negra de muy diferentes niveles de calidad y también público de muy distintos grados de interés por el género: los habrá que dentro de unos años se apunten a la moda siguiente, siendo el destino de todos sus libros con autores de apellido acabado en –sson la librería de segunda mano, y los habrá que se enganchen a un estilo que, de no haber sido por la moda que se lo ha puesto al alcance de la mano, les habría llevado unos cuantos años más descubrir.

¿Por qué no ser optimista? Crepúsculo pasará de moda, desde luego, pero los vampiros llevan más de cien años en el mercado renaciendo constantemente en sucesivos formatos y mezclas de géneros y seguro que volverán a hacerlo una vez despojados de languidez adolescente; de igual manera, con un poco de suerte, la morbosidad y brutalidad gratuitas intercaladas entre guisos, pañales y peleas con la cuñada que nos ofrece Camilla Läckberg desaparecerán en breve, pero tal vez la novela negra consiga retener con otros autores parte de la presencia en las librerías que ha conseguido.

José Antonio López
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