Miedo a salir de noche. David G. Panadero

Pasará a ser adulto tratando de reconstruir su pasado: cuentos viscerales y sinceros

El horror cotidiano
David G. Panadero se adentra con 10 balazos encabezados por el ambiguo y sobrio título de Miedo a salir de noche que, con contenido pulso, desvela el más temible de los horrores: el cotidiano; por las diversas estaciones del difuso peregrinar (o tal vez deambular) hasta ese territorio difuso, banal, escurridizo y desconcertante que se oculta tras la palabra madurez.

“Pinto porque me gusta y para saber por donde paso” advierte el autor al lector, quien no podrá por menos que acompañarle por la recreación melancólica y sabia de una juventud que se va desmigando, imperceptible y desavisada, entre vivencias y recuerdos. 

10 balazos. Algunos al aire, otros al suelo. Unos de fogueo, otros errados. Unos inocuos, otros decepcionados. Todos dan en el blanco: “Nos las tenemos que componer con lo poco que vemos u oímos”


no te conviene pensar tanto en los viejos tiempos


Desde la inanidad y vacío de “Bajo el cierto abierto” (en el que se cuenta, con distante resignación, la insignificancia y el spleen de una tarde inane) a encuentros casuales e inolvidables como la desorientada intensidad del amor fugaz ofrecido por “La chica ostra”, o la deriva consciente y digna de un roquero acabado (“John Doe”) a la nostalgia de una cierta ingenuidad (“El enigma Colt”; embrión de la novela Los viejos papeles) el lector escoltará al autor por “las historias que merecen, al menos, ser contadas en la barra de un bar” mientras gradualmente, "le abandona la alegría de una adolescencia prolongada” y se lanza a “las incertidumbres de la vida adulta” como se dice en el implacable (y revelador) “tiempo de abandono” aunque , mientras tanto, haya tiempo y lugar para cruces de caminos extraños (“A ciegas”) e inquietantes ( “Los Arcanos de la Catedral”), el camino llegará a su final con un lúcido y amargo epitafio: “No te conviene pensar tanto en los viejos tiempos”. 

Es Miedo a salir de noche un libro de cuentos tan viscerales y sinceros, tan honrados y verídicos como solo puede serlo la mejor ficción, la que recrea, entiende, sabe y narra lo vivido. 

LcLibros, 2012
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Luis de Luis
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