Cocina rápida para tortugas. Pepe Serrano


Literatura de humor, acribillada por la lógica del absurdo; lúdica, escéptica a veces, lírica otras, siempre cínica, enormemente brillante, ajenas a trascendencias, despojada de mensajes y empapada de diversión y melancolías
Intrascendencia y bonhomía

Mucho me temo que, desde los ya pretéritos tiempos en que yo frecuentaba las aulas, poco ha cambiado en la enseñanza de la literatura o, si algo lo ha hecho es, decididamente, a peor. Me da la impresión de que al, igual que en mi época (Primera transición), a generación sí, generación también, (las socialdemócratas y liberal conservadoras, respectivamente) se les sigue contando la literatura española como una sucesión de severas narraciones que huelen a col, meado, rencores, culpa judeocristiana por la pérdida del Imperio y escatología variada. Y, a generación si, generación también, se les sigue ocultando que existen otras posibles maneras de contar la historia de la literatura que no solo no excluyen la anterior sino que la completan y complementan: literaturas sin boinas, entrecejos, sacristías, vinazo y gravedad impostada, como, entre otras posibles, la extraordinaria literatura que surgió, al amparo de Ramón Gómez de la Serna, en los años 20 del pasado siglo. Literatura de humor, acribillada por la lógica del absurdo; lúdica, escéptica a veces, lírica otras, siempre cínica, enormemente brillante, ajenas a trascendencias, despojada de mensajes y empapada de diversión y melancolías.
Gigantes como, entre otros, Jardiel, Mihura, Neville, López Rubio o Umbral, prolongaron y continuaron la enorme influencia de Ramón que, a pesar de ninguneos, miradas a otro lado y condescendencias varias, pervive en los libros que publican editoriales –Blackie Books, Rey Lear, La Fábrica, entre otros – que ejercen el gusto y practican la sensibilidad por la obra distinta y especial, como Cocina rápida para tortugas, el libro de cuentos de Pepe Serrano recientemente publicado, con exquisitez y primor, por la elegante editorial turolense Nalvay
De Pepe Serrano se dice en la contraportada que le gusta estar en las nubes. No concibo otro pupitre mejor desde donde escribir un manual gastronómico tan nutritivo como esta Cocina rápida, que reúne 21 cuentos “infantiles” escritos sin pensar en los objetivos educativos y valores sociales a fomentar en los programas educativos escolares (lacra esta que ha conseguido que los libros infantiles se escriban con extremado desasosiego por acatar la corrección política: de ello depende que sean recomendados curso a curso con la consiguiente repercusión en las arcas de la respectiva editorial).


Afortunadamente, Pepe Serrano no se da por aludido, ocupado como está en trenzar narraciones donde contar, con prosa abrasada de felicidad e incongruencia, cómo cometas se convierten en periódicos japoneses y clarinetes, descarrilan trenes entre las fauces de niños ingenua y saludablemente bocazas, un farero ejecuta sombras chinescas, un pintor se regodea en un cielo adecuado, un brazo se desgaja de un niño con la misma naturalidad con la que el mismísimo yeti devora a un camarero o brota de un grifo una niña de agua o un director de orquesta sustituye una batuta por una varita (mágica, claro); con la misma facilidad con que los espejos roban botones o bigotes…
Narrando con naturalidad, descaro e inconsecuencia, Serrano deja que la ilógica implacable de las greguerías inflame su prosa; así, no es difícil espigar greguerías que, amparadas en sus textos, les conceden una implacable y deliciosa irrealidad , es decir, lo humorizan y lo metaforizan y lo, valga la redundancia, greguerizan. Valgan, como muestras, algunos botones: las nubes llevan a cuestas una mochila de lluvia; El mar cabe entero en un vaso; con cada nueva sombra estallan aplausos en la orilla; los peces andan por dentro del agua; una patada en la piedra creó el dolor de pies, me haces cosquillas: me haces burbujas; las farolas bostezan destellos amarillos, en el cielo no hay puertas ni radiadores, noche sin luna: natilla de chocolate, boca abierta: O mayúscula; llover sobre el mar es caminar descalzo sobre hierba fresca,…  
Ahora bien, esta prosa, tan vívida y dúctil, quedaría incompleta sin el delicadísimo pincel de Mar Villar, quien, escogiendo una línea naif, permitiéndose una composición serena y manejando la enorme gama de posibilidades que concede un color tan ambiguo y verosímil como el gris de vida, en ilustraciones sucintas, ingenuas y precisas, a todas las posibilidades de una prosa tan cautivadora como imaginativa.
No sé si la influencia de Gómez de la Serna es o no consciente (si me apuran, el segundo caso, sería aún más revelador de la enorme influencia de la Otra Generación del 27) pero, en cualquier caso, da igual; Pepe Serrano puede sentirse orgulloso de pertenecer a esa ilustre estirpe que desprecia la gravedad y la importancia y la sustituye por el encanto  de la intrascendencia y la bonhomía, como el que se respira en cada una de las páginas de este espléndido recetario para quelonios y anfibios.
Ediciones Nalvay, 2010
Luis de Luis
Publicar un comentario en la entrada