Breve entrevista con Carlos Aguilar


No hace mucho que ha salido a la venta tu libro sobre Jesús Franco. ¿Te das cuenta de lo que has sorprendido a muchos? Parece que durante bastante tiempo, has estado algo distanciado del “maestro”.

      
Así es. Lo que ha ocurrido es que durante todo ese tiempo mucha gente me sugería que lo escribiera, gente conocida de siempre o que acababan de presentarme incluso, argumentando que era vergonzoso que en España no existiese un libro sobre un director español sobre el cual los había publicados en Alemania, Francia, Italia e incluso Japón. A fuerza de oírlo, acabé reconociendo que en efecto yo era posiblemente la persona adecuada, por los conocimientos al respecto acumulados a lo largo de muchos años, tanto por el visionado de las películas como por haber formado parte del equipo de Jesús. Por añadidura, el libro que había publicado en Italia era básicamente visual, el texto era parco, y además apareció hace ya once años. Mi mujer, Anita Haas, que como sabes también es escritora y con la cual había publicado sendos libros sobre Eugenio Martín y John Phillip Law, terminó de animarme, diciéndome, más o menos, “Es un libro necesario, tú eres la persona indicada, ¿por qué sigues dudando?” y añadió en inglés, ya que es canadiense, “Just Do It!”. Todo ello me hizo recapacitar y advertir que estaban en lo cierto y que si no lo hacía yo lo acabaría haciendo alguien menos adecuado. Por lo cual, planteé el proyecto en Cátedra, apenas aparecer la segunda edición ampliada de mi libro sobre Clint Eastwood, y a ellos les pareció oportuno incorporar a Jesús en la colección. Acto seguido, firmamos el contrato y me puse a ello.

Escribir sobre un cineasta siendo consciente de sus defectos debe exigir un equilibrio muy delicado…

Klaus KInski en El Conde Drácula
Ya lo creo. Pero es necesario guardar ese equilibrio, por respeto a los lectores y a uno mismo. En caso contrario, acabas condescendiendo fatalmente, y en cuanto te descuidas ya justificas lo injustificable y defiendes lo indefendible. Fue muy difícil, en cualquier caso, sobre todo por razones personales, ya que Jesús Franco y yo estuvimos muy unidos durante varios años, a inicios de la década de los 80. Pero considero sinceramente que lo logré, y que el libro ha quedado ecuánime, dentro de la indiscutible ligazón entre el mundo de Jesús Franco y el mío, en diversos niveles. Por eso alguna reseña ha indicado que este libro y mi novela Nueve colores sangra la luna pueden leerse como si fueran textos complementarios, que se iluminan entre sí.

Documentarse no es tarea difícil; lo complicado es documentarse hasta el extremo en que tú lo haces. Parece que estuviste allí…

Ten en cuenta que yo me crié a la sombra de las coproducciones europeas de género de los años 50/60/70, ese tipo de cine conformó decisivamente la base de mi cinefilia. El Polar francés, el Krimi alemán, el Spaghetti Western hispano-italiano, el terror gótico inglés… y nuestro carpetovetónico “terror de pipas”, como lo llamaban despectivamente, el cual precisamente emerge gracias a las aportaciones de Jesús Franco. Existe pues una íntima conexión genética, entre aquel cine, tan despreciado en su día y tan reivindicable de todo punto, y yo, una conexión que me permite describirlo y valorarlo con peculiar facilidad. También procuré hacerlo en el apartado gráfico, incorporando fotos de gente representativa de aquellas películas, no sólo de las de Jesús, que apenas se ve en los libros de cine: Soledad Miranda, en primera instancia, lógicamente, pero también gente tan distinta y peculiar como Herbert Lom, Maria Perschy, Perla Cristal, Maria Röhm, Ana Casares, Ewa Strömberg, Jean Servais, José María Tasso, Howard Vernon, Ricardo Palacios, Dennis Price, Anton Diffring, Jack Taylor, Silva Koscina, José Manuel Martín, Janine Reynaud, Rosalba Neri, Dan Van Husen, el ya legendario Klaus Kinski, que siempre fue uno de mis actores preferidos… o directores como Jorge Grau, Eugenio Martín y León Klimovsky.   

A juzgar por tus últimos libros –monografías dedicadas a Clint Eastwood, Sergio Leone y Jesús Franco–, da la impresión de que estás ajustando las cuentas, quizás de manera definitiva, con tus mitos.

Jack Taylor, Carlos Aguilar y Raúl García, editor
Hombre, es una manera aguda y simpática de interpretarlo, desde el momento en que estos tres publicados por Cátedra eran unos libros que me debía a mí mismo, expresándolo de forma un poco cursi. Aunque no menos asumidos íntimamente son los dos que he escrito con Anita, tanto el de Eugenio Martín como, sobre todo, el de John Phillip Law, y que éste no llegó a ver publicado, por trágica fatalidad. Yo siempre me implico y vuelco emocionalmente en mis libros, sean ensayos o novelas, ninguno de ellos versa sobre una personalidad o una materia que yo no sienta bien dentro del corazón, por ponerme cursi otra vez. Ni uno solo está escrito de forma aséptica, profesional en el sentido desalmado del concepto.

Tus novelas siguen siendo recordadas y aplaudidas. ¿Para cuándo otra? ¿Escribirías un western?

Pues el cuerpo comienza a pedirme volver a la narrativa, por consiguiente te aseguro que ya queda poco. ¿Escribir yo un western? Nada me gustaría tanto, te lo aseguro. Por lo tanto, no te extrañe si tarde o temprano te regalo uno firmado por mí! 

Entrevista realizada por David G. Panadero. Mayo 2011
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