La madre del héroe. Roberto Malo, Francisco Javier Mateos y Marjorie Pourchet

Un temible Caballero Negro que, cual Cobrador del Frac, recaba al recién nombrado rey, aquejado de cachaza y placidez, que salde una pastizara de deuda... El citado soberano enviará a su Sir Lancelot particular para que renegocie los términos del conflicto

Diálogos dignos de Mihura

La incapacidad para dejarse etiquetar, encajonar o definir de Roberto Malo roza, afortunadamente, la patología y, tan solo unos días después de Asesinato en el club Nudista, ofrece, aliado esta vez con Francisco Javier Mateos y Marjorie Pourchet, un nuevo volumen: La madre del héroe, editado por OQO, casa empeñada en procurar la excelencia en la edición.

no funcionaría sin la aportación de Marjorie Pourchet

En esta oportunidad, tal y como hicieran en su anterior libro Tanga y el leopardo, Malo y Mateos toman uno de los modelos eternos de las narraciones (en aquella ocasión fueron los primigenios cuentos tribales, en ésta los cuentos artúricos) para narrar el viaje iniciático de un caballero que cumple la misión encomendada por su rey.

Y como entonces, Malo y Mateos se dedican a enredar, trufando de naturalidad, cotidianeidad, absurdo y de paso encanto, el periplo del caballero que repara la afrenta a su monarca.

Así, el lector infantil (y no tanto) se topará con un tremebundo conflicto causado por un temible Caballero Negro que, cual Cobrador del Frac, recaba al recién nombrado rey, aquejado de cachaza y placidez, que salde una pastizara de deuda, dando lugar a que el citado soberano envíe a su Sir Lancelot particular para que haga las veces de asesor fiscal o gestor administrativo y renegocie los términos del conflicto.

Por si esta situación no fuera suficientemente atractiva, el citado paladín, acertada (y reveladoramente) llamado Dick Van Dyke, se ve escoltado en su peligrosa misión por su señora madre, una Mary Poppins madura, temperamental y cañí que, como buena autora de los días, se esmera en sonrojar, avergonzar y sacar las castañas del fuego a su retoño, mientras Malo y Mateos se dedican a contarlo decantando diálogos dignos del gran Miguel Mihura (te sacaré los ojos, te cortaré la nariz , te rebanaré los ojos …” / “¿También me sacarás las tripas? / Oye ¡Que no soy ningún bárbaro!) ; planteando situaciones soleadamente absurdas (un ogro chantajeado con un bocadillo de tortilla) o diseñando veraces disparates (un duelo entre espadazos y bolsazos).

A pesar de todo, lo anterior no funcionaría -ni de lejos, ni de coña - sin la imprescindible aportación de Marjorie Pourchet.  La dibujante, tan narradora como los guionistas, aprovecha las posibilidades que le concede la página doble para contar, contar y contar utilizando acciones paralelas y simultaneas, creando texturas mediante técnicas mixtas (desde el collage al lápiz de colores) , citando con respeto y admiración- a clásicos como Maurice Sendak o a George Dunning (el ogro del cuento es pariente cercano del Jeremy de Yellow Submarine), evitando siempre el exceso en la caricatura que busca la complicidad y el guiño

Pues eso, que ya paro, que ya vale, que La madre del héroe es una delicia de cuento a pesar del coñazo que doy. Enterados quedan.

OQO, 2011

Luis de Luis
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