Sorry. Zoran Drvenkar

Empapado de corrección política, narrado con brío, oficio y eficacia y, ¡que no decaiga!, abrochado con un final acojonantemente cursi, este enorme thriller de diseño va a ser un inevitable exitazo de la hostia, con perdón


   



Hace no mucho, mi hija de 12 años me preguntó sobre el libro que estaba leyendo en aquel momento. Sorprendido hasta el estupor por la doble anomalía (que me dirigiese la palabra y que hablase de un libro), me medio incorporé, ya que estaba desplomado en el sofá, y le dije que a qué venía esa pregunta. “Es que es la primera vez que te veo leyendo un libro moderno”. “¿Y cómo lo sabes?”, continuó el solícito padre (yo, creo). “Por la portada”, finalizó mia cara figlia, supongo que más que aburrida por la larga conversación con el co-autor de sus días (yo, creo).


la más rabiosa actualidad


Disculpen que haya traído a colación esta anécdota doméstico–filial, pero es que, además de para rellenar líneas y sumar palabras (algo que sólo los que sean reseñistas valorarán en su justa medida), creo que define muy bien la obra de Zoran Drvenkar. Me explico. La generación de mi hija es la generación del logo. Antes de saber escribir, ya reconocen la “M” de Macdonalds, las “C” de Coca cola  o la “K “ de Kellogs y así... Identifican un logo efectivo, elocuente, impactante, con lo último, con lo moderno, es decir, con lo valioso o, mejor dicho, con lo que hay que tener. Ergo, comprar.



No hace falta ser experto en publicidad, marketing, mercadotecnia y sandeces por el estilo. Los estilizados brochazos rojos que forman un aspa y el no menos elegante perdón (astutamente escrito en esperanto, es decir, en inglés), forman toda una pintada minimalista, de trazo a lo Miró. Instantánea, memorizable, actual, urgente, es decir, de ahora mismo.



Y, justo es decirlo, la portada no solo no engaña, sino que el libro que envuelve es exactamente eso: un texto de ahora mismo, de, como se suele decir, rabiosa actualidad, y eso, si para el público mayoritario vale mucho, para el editor vale aún más.



De acuerdo con lo anterior, utilizando, con habilidad y destreza, un narrador descaradamente omnisciente que le permite entrar y salir de la trama de la novela, de la “cabeza” de los personajes y azuzar el argumento haciendo más trampas narrativas que un tahúr, Zoran Drvenkar cuenta, nada más y nada menos, una historia de quinceañeros.



Entendámonos, quinceañeros de hoy en día. Esos que todos conocemos e, incluso, algunos somos. Quinceañeros que, cumplida con creces la treintena, sobreviven entrando y saliendo del paro, aceptando contratos basura y despidos (im)procedentes. Son sensibles, aletargados y lánguidos; al fin y al cabo, cargan con el pesado fardo de la melancolía, la pereza y la desgana, solo aliviado, de vez en cuando, con un porrito, un polvete y una Whopper. Quinceañeros con los pies en el cielo, las manos en la Blackberry, el corazoncito en la mirada y la mirada en el Twitter. Pues eso, los eternos adolescentes del siglo XXI.



Así, según cuenta Sorry, cuatro miembros de esta alborozada juventud (el listo, el sensible, la wenorra y la marimacho, vamos, Los Cinco de Enid Blyton pero sin el perro) deciden montar una empresa que se disculpa en nombre de otros por las putadas que hacen a los demás para purgar remordimientos, alcanzar el perdón, vivir felices y comer perdices. Los jóvenes emprendedores obtienen, claro está, un cojoéxito que les convierte en millonarios (Todo ello, como verán, muy aleccionador, muy acrítico, muy liberalconservadorsocialdemocrata).




Pero, hete aquí, que aparecen (a falta de uno, dos) una pareja de psicópatas (muy clasicotes y conservadores ellos, dignos descendientes de la estirpe Bates, de esos que respetan los lazos afectivos, el valor de familia y los cadáveres en el armario) para aguar la fiesta y, aquejados del último gran tabú de Occidente (la pederastia), se empeñan en tocar los cojones a los cuatro emprendedores jóvenes. Da igual, porque la briosa juventud se toma el reto como un viaje iniciático que les desprenda de impurezas para integrarse como adultos en la sociedad y, of course, derrotan, con alguna que otra baja, a los irredentos degenerados.



Empapado de corrección política, narrado con brío, oficio y eficacia y, ¡que no decaiga!, abrochado con un final acojonantemente cursi; Sorry, este enorme thriller de diseño que no ha dejado de acaparar premios de todo tipo y pelaje, va a ser un inevitable exitazo de la hostia, con perdón. Y si no ocurre ahora, lo hará en cuanto se estrene su ya inminente versión cinematográfica, que será tridimensionalesca, hollywoodiense y palomitera a más no poder. Es decir, para nosotros, que somos jóvenes. Al fín y al cabo, el mundo y las taquillas son nuestros.


Como verán, y no es por que sea su padre (creo); mi hija es una crack.


Seix Barral, 2011
Compra en Estudio en Escarlata

Luis de Luis


    

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