¿Por qué escribes, Javier Quevedo Puchal?

Como no tenemos bastante con lo que tenemos, a David G. Panadero se le ha ocurrido la pérfida idea de que inaugure una sección nueva en “Prótesis”. ¿Y de qué va el tema? Pues nada menos que de pillar por banda a un amigo escritor y que este responda a la maquiavélica pregunta: “¿Por qué escribo?” 

Dinos porqué lo haces

Muy cuco él, porque sabe que le admiro y no me voy a negar ni harto de vino (aparte de que estamos de promoción, a qué negarlo; pero bueno, eso es secundario… ¿o no tanto?). En cualquier caso, un honor y un placer. Aunque también un pequeño aprieto, para qué vamos a negarlo. Por suerte para mí, no hace mucho Javier Herce ya se descolgó con una pregunta muy similar en la entrevista que me hizo para el ezine “Ultratumba”, de modo que hasta cierto punto vengo con las espaldas cubiertas.

no soy de los que ven su oficio
 como un pico de heroína

Podría comenzar atiborrándoos a tópicos y quedarme descansadísimo: “para mí, escribir es como una droga”, “me siento vacío el día que no escribo ni una línea”, etc, etc. Sin embargo, amigos, no es mi caso. Ojo, no digo que censure a los escritores que ven su oficio como un pico de heroína: tan sólo concreto que a mí no me pasa eso. Ni se me comen los remordimientos cuando llevo un día sin escribir, ni tampoco sufro síndrome de abstinencia después de una semana sin juntar letras. De hecho, ahora llevo como tres meses sin darle a la tecla y, os lo aseguro, no tengo problemas para conciliar el sueño. Tal y como yo funciono, entiendo que esto de la escritura es un cultivo de barbecho: hay que estar una temporadita sin darle al azadón, para que luego la cosecha salga con más fuerza. Y después de escribir el año pasado dos libros y otros tantos relatos, mi tierra me pide un pequeño descanso. Lo exige a viva voz. Así que, como sé que no corro el riesgo de padecer fiebres y sudores fríos por ello, le concedo el capricho.

Pero bueno, me estoy yendo por las ramas, pues aquí la pregunta no era “¿Por qué no escribo?”, sino todo lo contrario. Podría decir que las razones de por qué escribo han ido cambiando durante los años. En mi infancia y adolescencia escribía a modo de evasión, y de una forma bastante mimética, tratando conscientemente de emular (por no decir directamente plagiar) a los autores y obras que me gustaban. Ya en mi post-adolescencia, la escritura se convirtió en un arma arrojadiza, un animal furioso del que me servía para ajustar cuentas sin que hubiera opción posible a réplica. Claro que llegó el día en que el animal mordió el polvo, y entonces todo pasó justo al polo opuesto: decirle cuatro cosas al mundo ya no era lo que buscaba, sino más bien todo lo contrario, lo que pedía era la aprobación de ese mundo. De modo que escribir se convirtió en una forma de demostrar que tenía un don, que podía producir algo de valor… en fin, una forma de lograr que mi gente se sintiera orgullosa de mí. Afortunadamente, todo eso ya pasó y hoy puedo decir que no hay coartadas de por medio: escribo porque me apetece y porque es lo que creo que sé hacer. Atrás quedan el ímpetu púber o el hambre de aceptación, y todo lo que queda es la escritura en sí misma. Supongo que también mi proceso de escribir ha cambiado, por supuesto. Ahora lo hago de una forma más metódica y autoconsciente, meditada, puede que incluso aparentemente más fría, pero no me cabe duda que también más profesional y madura. Más honesta. Cada pieza nueva tiene sentido dentro de ese todo que vendría a ser mi producción literaria personal (qué pedante suena eso, pero me temo que así es como lo veo). Y si antes el hecho de escribir era un animal furioso, ahora podríamos decir que se trata más bien de una planta, que crece lenta pero inexorable.

En fin, pongo el freno. Y es que eso es justo lo que ocurre cuando uno se pone a escribir: que empieza respondiendo en tono irónico a la sugerencia de un colega y, sin darse cuenta siquiera, acaba pensando en voz alta en un tono algo más grave de lo que pretendía. Rayando lo cursi, si me apuras. Lo cual me lleva a rematar la pregunta del amigo Panadero con otra pregunta: ¿acaso no es la escritura un ser vivo? Posiblemente, aunque no siempre de la misma especie.

Publicar un comentario en la entrada