Gavilanes De Plata. Julio Armas

Si el autor de esta historia, en vez de llamarse Julio Armas, y haber nacido en La Rioja, se llamase Frank Mcdonalds o Patrick O´Brian, y le hubieran parido, es un suponer, en un arrabal de Cincinatti, Oprah Winfrey ya le habría paseado por su plató y hubiera incluido la novela en sus recomendaciones literarias mensuales. Aquí, por estos pagos, no le saca ni Ana Rosa Quintana y, ¿qué quieren que les diga?, peor para ella y sus seguidores

    
Con prosa sencilla (que no simple), la más difícil de conseguir para un escritor, y haciendo gala de un extraordinario sentido de la narratividad, Julio Armas consigue embaucar al lector y suspender su incredulidad para que, como un espadachín más, se embarque junto D. Diego de Gambra para recorrer, absorto, casi un siglo de la historia de España (desde la segunda mitad del siglo XVI hasta mediados del XVII).

honradez, exigencia y amenidad

En lo que a mí respecta, he leído Gavilanes De Plata dos veces consecutivas. La primera vez leí, ensimismado, una novela de aventuras y la segunda, boquiabierto, un libro de historia que incluía tres “clases magistrales” sobre esgrima, minería y navegación. Como muestra valen un par de botones: ¿Cómo un –dicho sea con afecto- señor de la Rioja puede hablar de una meridana de sol y su explicación técnica con la precisión de un lobo de mar? ¿Cómo explica y expone la derrota de la Armada Invencible, que fue, exactamente, como la cuenta Armas?

Solo con honradez en la investigación de las fuentes, exigencia en la erudición, amenidad y precisión en la prosa, sin perder nunca de vista, el respeto al lector (así, por ejemplo, se incluye un necesario glosario). Por mi profesión (soy marino) conozco mucho de lo que se narra y puedo dar fe de la veracidad y exactitud de esta extraordinaria novela histórica de aventuras, que no dudo en calificar, sin rubor, de obra maestra.


El Tragaluz, 2010

Pucho Martínez García
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