Entrevista con Juan Ramón Biedma

La salida al mercado de Antirresurrección es una ocasión perfecta para que Panadero y Biedma hablen de libros. De los libros de Juan Ramón Biedma, claro está. De los que ya ha escrito y de los que están al caer...

...de modo muy radical...

–Como viene siendo costumbre en tu obra, de nuevo en Antirresurrección descendemos a la Sevilla más mísera, esperpéntica y degradada. ¿Hasta qué punto te separas de la realidad en eso de la ambientación?

Te aseguro que no hay ningún proceso de fabulación, escribo casi al dictado de los acontecimientos. Mi ciudad es tan peligrosa, absurda, impredecible y desnivelada socialmente como aparece en mis novelas. Los zombis también están a punto de llegar, claro, como a cualquier otro sitio, pero esa realidad sí que no la discute nadie.


en cada libro, procuro alejarme todo cuanto está
 en mi mano de mi anterior obra, pero hay
 constantes que siempre aparecen


–Los zombis invaden las calles y los vivos mantienen sus tareas cotidianas. Aquí se produce una convivencia muy peculiar, ¿no te parece?

En mi novela, los muertos vivientes son la plaga, la catástrofe que deja a medias su labor devastadora, y la historia que cuento es lo que viene después.

Estoy convencido de que el ser humano es mucho más adaptable de lo que en principio pensamos y de que es capaz de convivir con las circunstancias más extremas. Lo vemos cada día, en los reportajes televisivos sobre algunos de los puntos del planeta que han sido castigado por cualquier desastre natural: los niños juegan entre los cascotes, la gente que se ha quedado sin nada hace planes para rehacer su existencia, los más despiadados o enérgicos se aprovechan de los más débiles; la vida se regenera con las reglas establecidas antes de la debacle.

Antirresurrección no es más que eso, una muestra de hasta donde somos capaces de llevar nuestro afán de supervivencia.

Una serie de asesinatos cometidos en iglesias, un policía muy confuso y una detective acribillada por su pasado llevando a cabo una indagación que les lleva a descubrir mucho más de lo que quieren, el mundo que se desmorona a su alrededor...
El pan nuestro de cada día.

–Una de las constantes en tu obra es la aparición de mendigos y parias de todo tipo. ¿No son un antecedente bastante directo de los zombis de Antirresurrección?

Hasta las últimas
consecuencias
Esta novela surge como un encargo de mi buen amigo Jorge Iván Argiz, uno de los responsables de Dolmen Editorial. Cuando me propusieron escribir una novela de zombis, mi primera reacción fue negativa. Pero poco a poco a poco fui cayendo en la cuenta de que el telón de fondo del levantamiento de los muertos me proporcionaba el disparadero perfecto para armar una novela negra tradicional pero en la que los personajes se vieran abocados a llevar sus reacciones hasta las últimas consecuencias sin comprometer la credibilidad de sus arcos conductuales.

O sea la clase de experimentos que me gusta llevar a cabo, ahondar hasta lo más profundo de la gente con la cobertura de una narración rápida y divertida, puro subgénero.

–En tu obra defiendes, y cada vez más, una total y radical libertad creativa. ¿Cómo están reaccionando tus lectores?

Pues, inexplicablemente, hay un importante núcleo de gente, no sólo en España sino en un buen número de países europeos y del sur de América, que se identifica de modo muy radical con mis historias y mi manera de contarlas; debemos compartir alguna clase de patología que aún está por filiar.

El desafío consiste en que ese núcleo continúe expandiéndose cada vez más, eso sí, sin hacer para ello ninguna clase de concesión a la escritura de baratillo que tanto se prodiga.

Una vez le preguntaron a Jardiel Poncela, ¿Es verdad, don Enrique, que escribe usted para las grandes masas? Y el gran Jardiel respondió: “Efectivamente, para las grandes masas encefálicas”

–Has personalizado tanto las claves del género –los géneros–, que a estas alturas, a lo que más me recuerdan las novelas de Biedma, es a las novelas de Biedma. Algo al alcance de muy pocos autores. Explícanos algo sobre tu registro.

Si miro a los otros, puedo afirmar que los escritores a los que admiro no planearon las claves teóricas alrededor de las cuales construyeron sus novelas, sino que revivieron voces, gentes, ideas, imágenes y peripecias por escrito.

Me resulta muy difícil, por tanto, responder a tu pregunta. Quizás te sirva de algo saber que, en cada libro, procuro alejarme todo cuanto está en mi mano de mi anterior obra, pero que hay constantes que siempre aparecen, aunque yo no me lo haya propuesto; pues bien, de resolver la ecuación existente entre esa intención de crear entidades totalmente nuevas dividida por los elementos comunes que resurgen una y otra vez, podríamos deducir eso que se daría en llamar mi estilo.

–Y por último, cuéntanos en qué trabajas ahora…

Bueno, pues llevo unos meses ya preparando una novela histórica que se desarrollará en el Madrid de 1930, con abundantes elementos de comedia y de novela clásica de intriga, en la que cuento los tres últimos días de la dictadura de Miguel Primo de Rivera.

     

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