Simpatía por el relato. Antología de cuentos escritos por rockeros

El insobornable músico de rock, la exaltación de su marginalidad, su carácter de antihéroe... La mayor parte de los relatos siguen esta tónica, pero no faltan unas cuantas sorpresas que personalizan la antología, y nos hacen intuir que de estas páginas podrían nacer escritores infatigables


   

Alguien me contó hace años que, en sus ratos libres, Stephen King toca la guitarra. Y no sólo eso: que se junta con otros amigos escritores con los que forma un grupo de rock, y juntos sueltan adrenalina, tocando versiones de sus grupos favoritos, incluso temas propios.

Cuando le preguntaban a Stephen King por estas aficiones tan ruidosas, decía que no tenían más propósito que animar la tarde del domingo. Y añadía irónicamente: nosotros somos tan buenos haciendo música como los Metallica escribiendo novelas, si es que algún día se ponen y las escriben.

queda el recuerdo de algún relato
 especialmente divertido, que nos ha dejado
 con ganas de más

Sirva este preámbulo para presentar Simpatía por el relato, la iniciativa de editorial Drakul, en la que, con Esteban Gutiérrez y Patxi Irurzun como antólogos, se reúnen una serie de cuentos escritos por rockeros españoles.

Despierta la curiosidad ver de qué son capaces los músicos, cuáles son sus temas centrales y sus preocupaciones, qué tipo de personajes les interesan...

En muchos casos, encontramos la esperada hagiografía al músico de rock, la exaltación de su marginalidad, el carácter de antihéroe... Todo ello en narraciones breves, propias de estos músicos, que, acostumbrados a escribir letras de las canciones, sintetizan en pocos puntos la historia, y la culminan de golpe, como culminan las canciones de rock.

Si bien la mayor parte de los relatos siguen esta tónica, no faltan unas cuantas sorpresas, que personalizan la antología, y nos hacen intuir que de estas páginas podrían nacer escritores infatigables, que tienen mucho que contar, trascendiendo su propia condición de rockeros noctámbulos.

En "¡Organización!", Juan Abarca, fundador de Mamá Ladilla, se revela como un peso pesado de la comedia, con su retrato caricaturesco de los festivales de verano. En "Una mañana", Rubén Pozo, de Pereza, nos hace evocar, con ternura y humor, las mañanas de pupitre y pantalones cortos, los deseos de hacer pellas... Daniel Sancet Cueto, de Insolenzia, también se entrega a la nostalgia en "Se llamaban Lucía e Isabel".

También hay lugar para la experimentación formal. En "Subsidio de sombras", Enrique Cabezón se sumerge en la poesía libre para atraernos hacia una prosa brillante donde no hay reglas. Con "El mal camino", Kike Turrón plantea un interesante juego que nos lleva a una divertida sorpresa final.

Simpatía por el relato es un libro que se lee con curiosidad, y además, por qué no decirlo, con simpatía hacia esos músicos que llevamos tanto tiempo escuchando. Como sucede con tantas antologías, cada relato parece proponernos un juego, y no todos los relatos apuntan en la misma dirección. Pero cerrado el libro, queda el recuerdo de algún relato especialmente divertido, que nos ha dejado con ganas de más...

Editorial Drakul, 2010
Compra en Drakul.es

David G. Panadero


    

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