Personal Jesus. Segunda parte: ateo y apóstata

Un día, cuando tenía ya veintitantos años, y estaba echado a perder del todo, escuché en las noticias al presidente de la conferencia episcopal decir una barbaridad, de las muchas que suelen decir. Disculpen mi frágil memoria, ya que no recuerdo en que consistió el exabrupto ni quien era exactamente el presidente de turno que lo pronunció. Solo recuerdo que la magnitud de la chorrada hizo que se me quedara el culo torcido

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Para colmo, el pastor de la iglesia remató con algo así como:

 -Y esto que digo puede parecer una barbaridad, pero nos respaldan los casi cuarenta millones de cristianos que hay en este país.

 Y yo pensé: no te preocupes, que después de lo que has dicho, desde mañana vais a ser cuarenta millones menos uno.

es más difícil borrarse de la iglesia
 que darse de baja en Movistar

 Y ahí empecé mi particular vía crucis (nunca mejor dicho) para apostatar. Lo primero que me sorprendió es lo difícil que es borrarse de la iglesia. Más que darse de baja en Movistar. Es muy raro. Tú te apuntas al Círculo de lectores (por ejemplo), y cuando ya no te interesan sus publicaciones, te das de baja y punto. Como mucho te dan un poco la lata por teléfono o te manda un tío a casa para enredarte. Pero en la iglesia no es tan sencillo. Lo normal es que tú tuvieras que convencerles de que eres un buen cristiano, que eres digno de engrosas sus filas. Qué va, en la iglesia tienes que convencerles de que no crees en Dios, de que eres prácticamente un hijo de puta despiadado para que te dejen marcharte. Y ni por esas. Antes, en la edad media, por cualquier chorrada, te declaraban hereje y te expulsaban de la iglesia (bien es verdad que no disfrutabas mucho tiempo de tu apostasía, porque enseguida te chamuscaban en una hoguera). Ahora ni matando a un Papa de Roma te echan (miren ustedes a Ali Agka, al que Juan Pablo II le perdono y todo…).

Yo te perdono, mostoleño
 Pues eso, que me puse manos a la obra para intentar que la iglesia me diera de baja como oveja de su rebaño. Hoy en día, con esto de internet esta todo chupado, buscas en el Google y enseguida encuentras una asociación de apostatas mosqueados que, con tal de tocarle los huevos al clero, te echan una mano de mil amores. Yo me tuve que buscar la vida. Leí, pregunté, pero no saqué nada en claro. Mi amiga Nuria, que militaba en la CNT me dio la clave:

 -Mira -me explicó-, para apostatar como Dios manda (¿?) tienes que acudir al tribunal de La Rota, lo que te sale por un pico y te lleva tiempo. Yo te aconsejo un atajillo que suele resultar: redacta una carta con los motivos que te llevan a apostatar, ve a la parroquia donde fuiste bautizado y habla con el cura, para que grape tu declaración de apostasía en tu hoja de bautismo. El tío, teóricamente, está obligado a hacerlo aunque no le guste.

 Ignoro si este es el procedimiento correcto para darse de baja en este selecto club (me juego el cuello a que no), pero yo hice mi escrito, me fui a por el cura de la iglesia donde me bautizaron y hablé con él. El pobre hombre no daba crédito a lo que le explicaba.

 -A ver si lo he entendido -me dijo, con voz temblorosa-. Me dices que quieres que te ayude a apostatar -asentí con la cabeza- ¿Pero tú eres tonto, chaval? ¿Crees que un cura te va ayudar a que te vayas de la iglesia?

 La verdad es que no lo creía, así que le recordé que estaba obligado a hacerlo.

 -¿Obligado? ¿Quién te ha dicho esa chorrada? -cuando le dije que una tía de la CNT, el cura comenzó a negar con la cabeza, y a murmurar maldiciones, más propias de un puticlub que de una sacristía. El caso es que, después de un rato de tira y afloja, y supongo que para que me marchara y le dejara en paz, el cura se quedó con mi escrito y me firmó y selló mi copia. Con toda probabilidad, en cuanto salí por la puerta, tiraría mi escrito a la papelera, y mi hoja de bautismo seguirá tal y como estaba, pero el caso es que yo tengo un escrito de apostasía, firmado y sellado por el párroco de la iglesia donde me bautizaron, y que exhibo con orgullo a las visitas cuando la conversación vira hacia la teología.

 Les cuento todo esto porque hoy, en mi humilde columna, quiero hablar de una canción que habla de religión, y sobre todo, de los embaucadores que hacen negocio con la fe y la candidez ajena: “Personal Jesus”, de Depeche Mode.

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