Las bestias desaparecidas. Roberto Malo

19 de octubre de 1995

   
–¿Por qué desaparecieron los dinosaurios de la Tierra? –pregunta la señorita Blasco a todos los alumnos de la clase.

La señorita Blasco es una mujer joven bastante guapa y con mucho genio.

–¿Por fuertes cambios climáticos? –apunta un alumno extremadamente delgado y con gafas de culo de vaso.

–Podría ser –asiente la profesora.

–Yo leí una teoría –sigue otro alumno, todo un empollón– en la que se decía que como los dinosaurios ingerían diariamente gran cantidad de plantas, éstas se irían reduciendo para ceder paso a las plantas venenosas, que acabarían por invadir la Tierra. Y ante esta superabundancia de plantas dañinas, los dinosaurios herbívoros no podrían escapar del envenenamiento accidental y morirían; y los carnívoros, por su parte, al no encontrar los congéneres herbívoros que constituían su alimento, perecerían también.

–Una curiosa teoría –sonríe la profesora.

–Yo creo que simplemente evolucionaron –dice una alumna con convicción–. La Tierra sufrió grandes cambios, y sólo los más preparados sobrevivieron.

–Eso me gusta bastante –sonríe la profesora–. Veo que habéis hojeado libros por vuestra cuenta. Eso está muy bien.

   


26 de enero del 3042

–¿Por qué desaparecieron los hombres de la Tierra? –pregunta la señorita Fuentes a todos los alumnos de la clase.
La señorita Fuentes es una cucaracha joven no demasiado atractiva pero que tiene su encanto.
–¿Por fuertes cambios climáticos? –apunta un alumno de antenas muy largas y patas espinosas tremendamente delgadas.
–¿Y a qué se debieron esos cambios? –pregunta la profesora.
–Pues por la contaminación, la destrucción de la capa de ozono, los gases venenosos y las armas atómicas y bacteriológicas –responde el mismo alumno.
–Muy bien –sonríe la profesora–. Veo que alguien ha estudiado.


    

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