El inocente. Mario Lacruz (crítica)

Toda novela debe mucho al contexto en que nació. Tal como El inocente, una crítica sutil a una policía la franquista de métodos inhumanos. Desde una posición intelectualiza, y privándonos de la emoción del género negro, Mario Lacruz nos habla de un hombre perseguido

Un hombre perseguido

A menudo, la censura obliga a los creadores a ser elegantes. Cuando no todas las expresiones están aceptadas, el autor tiene que eludir unos cuantos tabúes, y a la vez dejar constancia de lo que quiere decir. Qué sería de películas como La mujer pantera (1942), si en lugar de mostrarnos juegos de sombras, el cineasta Tourneur nos plantara el animal... De ahí el aire estilizado que apreciamos en El inocente: los personajes tienen nombres latinos Virgilio Delise, inspector Doria, pero que no remiten a los nombres típicos castellanos; la novela es una persecución sin fin que se prolonga por carreteras secundarias, suburbios, hoteles de segunda, cafeterías selectas... Y evocan en nuestra imaginación un ambiente castellano, aunque ninguna referencia apunte directamente en esa dirección.

estamos ante una fábula filosófica,
 al estilo de Kafka o Buzzati

Sin embargo, caeríamos en un grave error si relacionáramos El inocente con los clásicos de la novela negra. Mario Lacruz no buscaba la intensidad de la trama, ni pretendía sorprendernos. De hecho, la novela se permite ser ceremoniosa, incluso en sus abundantes momentos de acción, y pretende, antes que hacernos comprender las situaciones, transmitir el sentimiento del falso culpable perseguido sin compasión. Lo forzado de algunas situaciones, y esos personajes que desempeñan un papel casi alegórico, de principio a fin, parecen indicarnos que estamos más bien ante una fábula filosófica, al estilo de Kafka o Buzzati.

Decíamos que la novela no funciona como narración popular, y no reúne los elementos  a los que estamos acostumbrados los aficionados al género. Posiblemente sea porque Mario Lacruz se acercó a las claves del género desde una posición intelectualizada, donde lo más importante era la tragedia del hombre perseguido.

Funambulista, 2009

David G. Panadero
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