El Beso de Glasgow. Craig Russell

Nada más poner las zarpas en El Beso de Glasglow de Craig Russell, y empezar a auscultar el material promocional anejo, un escalofrío comienza a darme bambú y se me eriza el vello: en la faja se me presenta este libro como la síntesis definitiva de Highsmith, Thompson, Hammett y Chandler (¡Tócame las narices con un palito!) y, ahora no recuerdo si en la contraportada o en el marcapáginas, se me jura por lo más sagrado y se afirma con rotundidad la frase más temida: “que esta novela trasciende el género”

Marlowe se llama Lennox

Cualquier aficionad@ sensat@ admitirá que los motivos expuestos son más que suficientes para salir corriendo y dejar la novela en la estantería para que algún incaut@ picase y, sin embargo, impulsado por el miedo reverencial que profeso a David G. Panadero cuando me encarga una reseña, decidí que, para mantener a buen recaudo mi integridad física, más me valía oficiar la lectura. 

novela cumplidora, honrada, clasicoide,
 imitadora y derivativa de la 
literatura de Raymond Chandler

Dos párrafos escrutados y descanso en paz. La novela no cumple nada de lo prometido (¡Deo gratia!): El Beso de Glasglow es solo el enésimo pastiche protagonizado por Philip Marlowe, y de éstos, quien suscribe, como cualquier otro aficionad@, hemos leído a paletadas. 

Les cuento. En esta ocasión Philip Marlowe se llama Lennox y, of course, narra sus propias andanzas como San Raymond manda: con prosa macerada en frases cortas y lapidarias que enhebra observaciones del tipo quemeestáscontandochaval siyoyaheestadoahí heidoyvueltounhuevodeveces y suelen incluir –como bonus track– gracietas recalentadas, irónicas y desdeñosas, dignas del Club de la Comedia, sobre como elmundogiraenunespacioinfinito conlaspenasyalegrías delagentecomoyo

¡Ah! En esta ocasión Marlowe (digoooooo Lennox) no vive en Los Ángeles, sino en Glasgow, y, como de costumbre, se ve envuelto en varios casos a la vez (si, lo han adivinado, interrelacionados) que le permiten recorrer los ambientes del hampa del Glasgow de los años 50 mientras encadena –ventajas de escribir en el siglo XXI una novela de los años 50– reflexiones históricas ( sobre la evolución de Gran Bretaña tras la II Guerra Mundial), sociológicas ( sobre las costumbres y hábitos colectivos de la sociedad escocesa) y geopolíticas (sobre el nuevo orden mundial que surge con la hegemonía estadounidense). 

Pues eso; novela cumplidora, honrada, clasicoide, imitadora y derivativa de la literatura de Raymond Chandler (algo que en sí no es grave, ya que durante las últimas décadas le pasa, y seguirá pasando, a cualquier escritor de vecin@), que tiene el enorme mérito de no cumplir nada de lo que augura su literatura promocional. Afortunadamente. 

Roca Editorial, 2011
Luis de Luis
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